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Anécdotas del segundo día de caza de codornices

Anécdotas del segundo día de caza de codornices

Satisfecho tras el segundo día de caza, ya que cacé con la perrita que le picó la víbora y se portó de maravilla. Maté 11 codornices a perro puesto y las cobro todas. Después de los halagos nos fuimos a desayunar unos huevos con beicon y a casa. A continuación os voy a contar mi anécdota más graciosa y la suerte que tuve el sábado.

Después de cazar en las munas me dirigí hacia otras en las que no había ni girasoles. Intentando buscar alguna codorniz más, ya que los perros estaban muy frescos y yo no estaba cansado, me encuentro con dos cazadores que venían en sentido contrario en la misma muna con tres perros.

Me paro a hablar con ellos y me dicen que solo habían visto una, la única que llevaban colgada. Pensé que era una tontería ir por la misma muna pero los perros me estaban marcando rastro hacia esa dirección. Así que me despedí y fui detrás de los perros que iban despacito mirándome y avisándome que había algo. Pensé que podría ser una pollada de perdices, pues la perra más vieja me sigue el rastro muy despacio, mirándome y parándose para no levantarlas.

La perra pequeña está parada en unos arbolitos que son como los tojos y pinchan mucho. Sorprendido y a la vez mosqueado porque ya habían pasado dos cazadores con tres perros, no imaginaba que fuese codorniz y no me preparé para disparar pues creía que eran perdices. Así que mandé entrar a la perra y como a mis perros si no les mueve la caza ellos tampoco lo hacen, tuve que meterme en los pinchos para ver qué había allí.

 

Picotazos de avispas

Al entrar y dar una patada, ¡sorpresa!: una codorniz. La abato y al tiro empiezan a salir avispas del suelo. Picotazos por aquí picotazos por allá y los perros otra vez puestos. Sale otra codorniz, la abato y salgo corriendo otra vez de allí por las avispas.

Me vuelvo a meter, pego la patada y otra codorniz. Y otra vez a correr por las avispas. Alucinado y con los brazos picoteados se vuelven a parar los perros. No me lo podía creer que hubiesen pasado los dos cazadores con tres perros y tenía que volver a enfrentarme con las avispas.

Encendí un cigarro mientras los perros estaban parados y volví a meterme otra vez allí. Patada, codorniz y avispas, y a correr otra vez. Así que maté cuatro codornices, tres picaduras de avispas y la perra negra otra picadura en las orejas. Nos sentamos alejados del lugar y nos mirábamos los tres como diciendo, ¡dónde nos hemos metido!.

Esa es mi anécdota de un sábado por la mañana a codornices.

 

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