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Cuidado con los jabalíes

Cuidado con los jabalíes

Cuidado con los jabalíes

La presencia de jabalíes en pueblos y ciudades no deja de ser un acto que suscita en muchas personas un cierto atractivo muchas veces carente de la mínima precaución, al extremo de darles incluso pedazos de pan. No seré yo quien diga si está bien o mal, “doctores tiene la Santa Madre Iglesia”. Pero si es prudente que sepan que ni el jabalí es un animal tan terrible como algunos suponen, ni tan inofensivo como otros pretenden demostrar. Los dos extremos revelan desconocimiento de lo que es este animal, de sus hábitos y de su manera de comportarse. Como casi todos los animales, huye del hombre, a quien con razón considera temible. Pero hasta la especie más tímida defiende su vida cuando se encuentra en peligro, y el jabalí, que conoce el poder de su fuerza bruta y la peligrosidad de sus afilados colmillos, que en muchas ocasiones han causado heridas mortales a cazadores y perros, no es una excepción. Por consiguiente, no demostrará valor sino ignorancia quien se acerque a un jabalí herido o acorralado sin adoptar las debidas precauciones. Una de las más básicas es aproximarse desde arriba si se encuentra herido en una ladera. No debe olvidarse que este animal es más veloz bajando que subiendo, como consecuencia de su constitución física. El jabalí jamás espera al hombre para atacarle de improviso, pero si se ve acosado en su huida puede llevar a acometer, incluso sin llegar a estar herido. Está demostrado que los jabalíes de determinadas regiones presentan rasgos de mayor fiereza que los de otras. Es obvio que el jabalí no entraría a las posturas si descubre por el olor la presencia del cazador y que preferiría incluso luchar con los perros que le persiguen. Entre los sistemas para darle caza, el más corriente es el de gancho o batida. Cuando un jabalí es cercado por la jauría, el perrero debe acudir rápidamente, al objeto de evitar bajas entre los perros. Tampoco debe olvidar el cazador, cuando hiera a un jabalí, y sobre todo si se trata de un macho, que es peligroso acercarse o llamar su atención con movimientos o voces. Es más aconsejable procurar rematarlo si está a la vista o esperar a que llegue la rehala con el perrero. Las hembras no suelen ser tan peligrosas. Cuando el jabalí es localizado por los perros, inicia su huida, generalmente cara al viento. Es frecuente que cambie súbitamente de dirección, para despistar a los perros. Por ello es aconsejable repetir las batidas dentro de la misma zona, al ser muy fácil que en la siguiente mano se vean más jabalíes que en la primera. Al tirar de noche sobre un jabalí, en un comedero, bañadero o senda de paso, el resultado es fácil de determinar: si se le hirió, la detonación es seguida por el silencio más absoluto, aunque el animal quede en condiciones de huir. Pero si se falla el tiro se oirá un fuerte bufido, lanzado por el verraco. El jabalí convive en manada hasta los 5 años. Los machos viejos prefieren la soledad, excepto en la época de emparejamiento, que se suele producir en el mes de diciembre. Para atacar, el jabalí tira el derrote de abajo hacia arriba. Por eso son menos peligrosos los animales viejos, cuyo colmillo es demasiado curvo, pues han de bajar excesivamente la cabeza para clavar. En cambio, los llamados navajeros, más jóvenes y de colmillos menos gruesos y más cortos, son mucho más temibles, tiene más movilidad y son mucho más agresivos cuando arrancan contra los perros o las personas.

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Redacción Desveda

Redacción periódico digital Desveda #caza #pesca #tirodeportivo #rural #naturaleza

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