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Ibex de Tian Shan

Ibex de Tian Shan

Viernes
Se inicia nuestro viaje por el Ibex de Tian Shan. Me acompaña Fernando,  de arenasafari.com. Tras 4 horas y cuarto llegamos a Moscú y tras un tránsfer de 4 horas (lo peor) cogemos el avión de Aeroflot que nos lleva a Biskek, capital de Kirguistán. En Moscú coincidimos con un par de cazadores daneses que también cazarían en Ibex, solo que más cerca de Biskek que nosotros. En la capital nos presentan a Yanna, que será nuestra intérprete durante todo el viaje. Conseguimos el visado tras pagar 70$ más de lo acordado y nos ponemos en marcha con Audrick, nuestro conductor, en un viaje de 7 horas hasta parar para comer en un valle espectacular con la cordillera del Tian Shan enfrente. Sus cumbres nevadas, rozando los 5.000 metros de altura. Anteriormente ya habíamos pasado por dos collados con altura de 4000m, lo que hacía que el coche ralentizara su marcha por mala combustión. 40 minutos después de comer llegamos al cauce del río Naryn, allí nos espera un camión ruso para poder vadearlo. Tras este paso, conocemos a Norbeck, jefe de nuestro campamento de caza y que con su coche, un Mitsubishi Pajero nos llevaría al campamento tras una hora de campo a través.
El campamento toma su nombre del río en cuya orilla se encuentra, Ulán, a unos 3.011 metros de altitud.

Una cabaña de madera con dos habitaciones, una para Fernando y yo  y la otra para Yanna, un salón y  poco más. Fuera, dos vagones de tren habilitados, uno como comedor y cocina y otro como dormitorio para guías. También había un establo, un pequeño cobertizo que hacía de aseo (un agujero), otro que era la sauna, y dos que eran almacenes.

Probamos el rifle, un Remington Seven de 7mm con un visor Leupold 3-9-42, a 100 metros en condiciones un poco vetustas, pero que hacía su cometido.

 
 
Sábado
Nos levantamos a las 8, tomamos el desayuno en nuestro vagón comedor, cogemos el equipo y vamos hasta la orilla del río Naryn. Allí nos dan a cada uno un caballo y empezamos a cruzar el río. Somos 5, Norbeck, Wagna y Yack, harán de guías. Al cruzar el segundo tramo del río, el caballo de Norbeck se mete en una poza y los arrastra la corriente. Momentos un poco estresantes pues si no es por el guía Yack, que fue rápido en coger al caballo, se podía haber perdido parte del equipo.

Tras unos kilómetros a lomos de nuestros caballos, asentamos las tiendas en un nuevo paraje. Un sitio muy bonito y tranquilo en el que ya empezamos a ver unos íbices  en la lejanía en una ladera. Fernando y yo nos vamos a dar un paseo por el otro valle y al poco vemos dos rebaños de íbices. Uno bastante lejos y otro más cerca en el que se aprecian dos machos y uno muy bueno, lo comentamos a la vuelta pero deciden que al día siguiente iríamos a por los que ellos vieron, supongo que pintamos poco.

Cenamos algo de embutido y pasta y nos vamos al saco de dormir no sin antes haber tomado un Valium. Noche dura, se nota la falta de costumbre o los años, ya que no pegué ojo.

Domingo

A las 4 de la mañana tomamos un café soluble y cogemos los caballos. A oscuras vamos río arriba. Increíble cómo se manejan estos caballos en estas condiciones, es difícil de explicar, van por piedras, ríos, arena, plantas con púas de 5 cm, hay que verlo para entenderlo.

La idea es llegar antes que ellos a los pastos bajos y esperar a que desciendan de las cimas, donde duermen y cazarlos como si fuesen corzos, esta idea no me gustaba nada.

Amanece y esperamos a ver que hacen los Íbices, pero no bajan (menos mal), se quedan en lo alto y se mueven en paralelo pero sin descender, nos comentan que ese comportamiento es debido probablemente a la presencia de algún lobo lo que les hace estar alerta. Si nos hubiesen visto a nosotros, ya se hubiesen marchado. Pasan dos horas, se pone a nevar y tras hablar entre ellos deciden que nos fuésemos Wagna y yo con los caballos y el resto se quedaría esperando. Esto no me agradó, otra vez Fernando se quedaría sin poder tomar fotos o video, una faena.

Wagna y yo seguimos río arriba unos 2 km y empezamos a subir por una pedrera o canchal con los caballos. Los dejamos atados  a las piedras, me quito el chaleco de plumas y lo dejo con las mantas de los caballos.

Estamos a 3.150m, Wagna lleva un chubasquero, un  chándal y unas botas de pocero y porta una pequeña mochila con agua, pan  y una lata de sardinas en tomate. Yo llevaba el rifle y mi equipamiento era el adecuado para la alta montaña. Con todo empezamos  a andar por las piedras, serían cerca  de las 8.45 h. Nevaba poco, pero este panorama cambió y según subíamos nevaba más fuerte. Viento y niebla, ¡vamos, el tiempo ideal para cazar en la montaña! a 4.000m, a medida que ascendíamos el terreno se complicaba, las piedras grandes dieron paso a las pequeñas. Un terreno difícil de andar, estas piedras sueltas junto con una capa finita de nieve hacía que en cuanto te despistas te resbalases y rectificar suponía un gasto de aire tremendo. Esto a mí porque a Kerry no le afectaba para nada, subía como si nada o esome parecía a mí, ya que luego me di cuenta que si bien la altura  y la pendiente no le afectaban mucho, el frío le hacía mella.

Cuando llegamos  a la cota de 4.000, le enseñé el altímetro y le estreché la mano en señal de agradecimiento por llevarme  a esta altura, era la primera vez que pasaba los 4.000. Paramos, tomamos un barra energética que llevaba y continuamos ascendiendo, Wagna se acercaba al borde para intentar ver los Íbices en el otro valle pero debido a la niebla esto era imposible, decía “Ibex sleeping”.

A partir de los 4.100m la subida se convirtió  en una tortura. La ventisca fue en aumento, tenía que parar cada 20 metros para tomar aire y el suelo lo formaba una capa de piedras tan fina que con la nieve parecía barro, lo cual  hizo  que en varias ocasiones acabase con el rifle en el suelo creándome serias dudas de su fiabilidad.

A 4.200 metros hicimos una parada para hacer tiempo por si despejaba algo y la aprovechamos para comer. Wagna sacó una lata de sardinas en tomate y un mini pan. Después seguimos subiendo lentamente, Wagna me decía que en las siguiente rocas giraríamos a la izquierda  para  caer sobre los íbices, esto me lo dijo unas tres veces y yo, que no veía nada claro a dónde íbamos me llegué a desesperar en varios momentos incluso diciéndole que “Ibex tomorrow”, pero o no entendía o no quería entender, por fin y después de 6 h llegamos a la cumbre, 4.380m, habíamos subido 1200m de desnivel en línea. Una vez en la cumbre y como por arte de magia el día empezó a abrirse y pudimos ver lo que nos rodeaba. Dejó de nevar y el viento se llevó la niebla, ahora ya no se podía subir más, y seguro que los íbices estarían por debajo de nosotros. Empezamos a ir por la cuerda  de las montañas, subiendo y bajando pequeñas cimas, andando por pasos de no más de 50cm de ancho con una pared de nieve de unos 200m de desnivel por un lado y por el otro una pared casi vertical de cantos suelto  y riscos, me pareció una temeridad pasar por ahí sin estar asegurados. Hubo momentos que pensé  que como me resbalase sería el fin y que ningún Ibex lo merecía. Wagna  repetía continuamente  slow-slow, pero él seguía con marcha ligera, aunque me esperaba cada 30 o 40 metros, el cansancio dio paso al miedo y en varios momentos lo pasé mal, pero como alguien muy cercano dice, en la montaña no te sacará  nadie y dependes de ti mismo, y aquí  me había metido yo solito.
Wagna habló por los walkys con Norbeck y le indicó dónde había un grupo de Íbices debajo de nosotros. Fuimos bajando intentando caer sobre ellos sin que nos viesen y por fin los pudimos ver  en unos riscos a unos 680 m. Los apunté en varias ocasiones pero era una tontería intentarlo, seguro que fallaría y se echaría a perder todo el día. Esperamos una hora para que cambiasen de posición pero no lo hicieron, así Wagna me dijo que Norbeck y  los demás cogerían los caballos y eso asustaría a los Íbices  y estos en su huída subirían hacia nosotros. Me dolía un poco la cabeza y no era por la altura, sabía que era por el estrés pasado. Entonces se movieron y lentamente empezaron a ascender hacia  nosotros, eran tres y el segundo parecía el mejor. A los 10 minutos se paró en un collado a 180 metros y aproveché para disparar. Wagna me preguntó si le había dado, y le dije que en principio el tiro fue bueno, él vio correr dos de los tres, bajo corriendo por la montaña y al cabo de 5 minutos escuché un grito de alegría, sin duda lo había encontrado. Bajé rápido y tardé unos 10 minutos. Cuando llegué donde estaba él, me abrazó como loco, a pesar de que él también lo pasó mal. Fue un momento especial, emocionante, difícil de explicar. Allí estaba, era enorme, increíble, en mi 2º día. Me quedé acariciándolo un momento que pareció eterno. Wagna me hizo unas fotos y empezamos a bajarlo. Fue fácil, gracias a la pendiente rodó por toda la ladera entre piedras hasta que lo llevamos a una ladera en la que aparecieron los demás. Después felicitaciones, fotos y mientras lo partían para el transporte se nos hizo de noche, lo cargaron en el caballo de Wagna y nos fuimos al campamento, una vez en este a las 8.45, Norbeck  se puso a cocinar el hígado y nos dijo que recogiésemos que nos marchábamos pues amenazaba nevada, y ya  estaba cayendo aguanieve. Comimos un poco de hígado, lo menos posible, recogimos las tiendas, los caballos y regresamos al campamento.

Martes

Norbeck nos dice que se tiene que marchar a las montañas, tiene que acompañar a dos cazadores franceses de otro campamento.
Fernando y yo llegamos ya de noche al campamento, en él nos recibió Yanna y nos dijo que había llamado la cocinera del otro campamento, que había un cazador francés que se encontraba muy mal, respiraba mal y tosía gotitas de sangre. Cenamos mientras esperábamos noticias. Llegó después un guía del otro campamento y a su manera nos contó cómo estaba el cazador, que no tenían ningún medicamento y  no se podía evacuar. Yo tenía Corticoides, sabía que le vendría bien pero antes llamé a un familiar médico y me confirmó que era adecuado. Dimos las pastillas al guía y se fue con ellas y unas instrucciones en inglés al otro campamento, a unas 4 horas de allí.

Jueves

Me levanto a las 7.45 h., salgo fuera y está todo nevado, no muy profundo, pero una capa blanca cubre todo el campamento, el paisaje es increíble, recién salido de una postal de navidad. Me encuentro a Norbeck que salía de la letrina, nos saludamos y me dijo que teníamos que recoger el equipo y marchar, teníamos que ir al campamento de los cazadores franceses y luego a Bishkek.

Cuando se levantó Fernando fuimos al vagón a desayunar y Norbeck nos contó lo que le ocurrió. Al parecer al subir hacia el collado donde había quedado en reunirse con los franceses, le cogió una ventisca que le acompañó todo el camino (no llevaba gafas), llego al lugar de reunión  y esperó que apareciesen los demás, paso el tiempo y no apareció nadie, o mejor dicho, aparecieron unos lobos cuya intención era comer carne de caballo. Realizó varios disparos para asustarlos y decidió regresar al campamento donde llegó a eso de las 4 de la madrugada, recibiendo las noticias de lo acontecido por la tarde noche del día anterior.
Salimos de la cabaña y allí estaban el resto de personas que me imagino que algo esperarían, les dimos un abrazo a todos  y nos despedimos.

En una hora llegamos al campamento Karacolka, este lo gobernaba una mujer que también hacia las veces de cocinera y de guía. Nos invitó a una taza de café y nos contó lo sucedido:

Habían subido los dos cazadores al lugar donde debían de reunirse con Norbeck, subían a caballo y llegando a los 4.000 m uno de ellos se empezó a encontrar mal (dolor de cabeza) y decidió bajarse con el intérprete, los otros continuaron un tiempo pero al ver la tormenta que les venía, decidieron regresar al campamento.

Ya en el campamento, el cuadro clínico empeoró, le costaba respirar y tenía tos por falta de aire, no tenían medicamentos (y mira que en todas las listas de material recomendado para venir aquí te recomiendan que se traiga) y no podían evacuar hasta que nosotros viniésemos. Nuestra medicación le vino muy bien y le permitió pasar mejor la noche. Tras esto, pusimos rumbo a la capital. Llegamos al anochecer. Fernando y yo decidimos intentar cambiar el billete de avión al día siguiente, así quedamos con Yanna a las 9,30 de la mañana.

 
Viernes

Desayunamos en el hotel, Yanna apareció a las 10 de la mañana y fuimos a una agencia de viajes. Tras un rato nos dicen que ellos no pueden cambiar el billete, así que nos vamos a la sucursal de Aero Flot. Aquí nos tienen un buen rato  y nos dicen que cambiar el billete para el sábado suponía un incremento de 650 euros, pero que si queríamos cambiar  un vuelo que salía en 3 horas el precio sería de 90 euros. La idea era muy precipitada, pero valoramos la situación y decidimos coger el vuelo. Para pagar la diferencia ocurrió algo difícil de creer, no aceptaban euros ni dólares, y tampoco se podía pagar con tarjeta, por lo que tuvimos que salir  y buscar un cajero para sacar dinero.

Yanna llamó a Norbeck que estaba cerca y nos recogió, fuimos rápidamente al hotel con idea de recoger el equipaje y luego ir a la oficina de Beck a recoger el trofeo. Cuando llegamos al hotel nos esperaba un representante de la compañía y nos dijo que no podíamos llevar el trofeo por que faltaba la firma del veterinario y eso se demoraría 5 horas.

El vuelo a Madrid fue más rápido que la ida y a las once ya estábamos en casa, habíamos finalizado nuestro viaje, toda una aventura, que es lo que yo esperaba, supongo que como en todo, todo es mejorable, pero el ver los paisajes que ves, conocer a esa gente que poco o nada tienen que ver con nosotros y sobre todo el poder acariciar a un animal tan impresionante como el Ibex y saber cómo lo has cazado y lo que te ha costado, hace que este viaje sea una experiencia única.

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