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Ojo de lince

Ojo de lince

Cuando un cazador por muy buen venador que sea tiene una imaginación que alcanza el campo de la fantasía, esta le puede jugar serios disgustos al hacerle ver una realidad que no existe. Así suceden anécdotas curiosísimas realmente auténticas que rozan los límites de lo inverosímil. Algo así como lo que le sucedió a Juanito, el famoso tornillero de Berriz, todo un CRACK con la escopeta en la mano y el perro por delante. El terror de la fauna, Buffalo Bill, con txapela y sin caballo. Aunque a decir verdad gran parte de sus capturas, algunos malandrines las atribuyen a su asesor de campo Pedro Tellitu, “El lince de Landako”. ¡ Serán envidiosos!

El caso es que el uno por el otro las piezas cuelgan y la envidia, mala consejera aflora entre unos compañeros incapaces de hacerle sombra en el monte. Cuanto darían por llegarle a la suela de los zapatos sus amigos cazadores de Quintanilla de San García (Burgos).

Vamos, que es tal su prestancia que son muchos los baserritarras que acuden a él cuando los jabalíes destrozan huertas y praderas. Rápido suele poner orden en la zona. Y es que donde pone el ojo pone la bala, a no ser que este lo tenga un poco legañoso por haberle dado al tarro en el Altar del barrio de Santa Apolonia de Iurreta. Para si lo quisieran los del CSI de la tele. Una simple pedorreta de un jabalí le es suficiente para saber al cabo de cuatro horas de pasar por el lugar, si es macho o hembra, el peso, lo que ha comido y si me apuran hasta las amistades que tiene. Oiga ¡que si! Que no se le escapa una, créanme. Bueno, a lo que vamos, el caso es que OSCAR buen cazador y excepcional persona del caserío MEKOLA, del barrio Bernagoitia de Euba, requirió su ayuda para que se cargase un gran macareno que durante la noche se estaba jamando los maíces de una plantación que tenía junto al caserío. Le falto tiempo a Juanito para coger el coche y plantarse en el caserío con unos aires de suficiencia que para sí lo quisiera Jesulín cuando entra a matar. Valoró el aire, echó un vistazo a la zona y se apostó en un extremo del maizal. Así como quien lava.

No habían pasado un par de horas -la noche bien entrada- cuando oyó el ruido que hacia el “invitado” al comerse las mazorcas. Sigilosamente se acerca hasta divisar en la penumbra un bulto negro que al oír el ruido de sus pisadas inicia una espantada como si de una tanqueta de la Brunete se tratara. Sin darle tiempo a encomendarse a San Huberto le suelta un balazo que le deja frito. Al ruido del disparo, linterna en mano raudo se presenta Oscar. Llega al bicho, le enfoca y cuál no sería su sorpresa al ver que panza arriba se encontraba el txarri del baserri ¡jode!. En esto Juanito que estaba un poco alejado del lugar pregunta a Oscar “¿Qué tal?¿ es grande?” “Hombre grande si es” “¿Y de boca (colmillos)?” insiste Juanito, “Boca lo que se dice boca tiene. Ahora bien, nada comparada con lo que va a abrir el padre cuando lo lleve al caserío”. ¡Que ustedes lo pasen bien!

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