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El último oso que se abatió en Urkiola (Bizkaia)

El último oso que se abatió en Urkiola (Bizkaia)

I.—La anteiglesia de Mañaria a los pies del Parque Natural de Urkiola.      

A la memoria de nuestro inolvidable maestro don Evaristo de Bustintza (Kirikiño). G. B             

Mañaria es el pueblo montañero por excelencia de Vizcaya. Encerrado en un anfiteatro de agrestes peñas, extiende su dilatado caserío al pie de escarpadas rocas amenazadoras. Su paisaje asemeja en un todo a esas estampas suizas de alta montaña, donde la grandiosidad de los ingentes picachos calcáreos se suaviza con la dulzura de los siempre verdes prados que a sus pies se encuentran, donde pastan blancos rebaños de ovejas y corderos.

Durango, la vieja Tabira, es la llave que encierra este maravilloso rincón de la tierra vizcaína. Desde nuestro bochito, que ya no admite el diminutivo desgraciadamente, el ferrocarril nos traslada a la villa duranguesa, a través de la vega surcada por el Ibaizábal, el río que nace al pie de la peña de Izpizte, cerca de Anboto, y muere en Urbi (Basauri), mezclando sus aguas con las del Nerba, para llamarse ampulosamente Nervión y hacerse navegable en sus últimos pasos entre pestilentes aguas turbionas, llenas de detritus humanos y fabriles.

Al desembocar en la hermosa plaza de Ezcurdi, donde su antiguo frontón ha sido reemplazado por uno nuevo, escuela de la academia de punta cesta, observamos con pena la ausencia del insigne filólogo Astarloa, hijo del pueblo durangués, gran euskerólogo, que a fines del siglo pasado, en la entonces incipiente ciencia de la filología, causó la admiración de propios y extraños, por sus teorías sobre la primitiva lengua.

mañaria

Contados kilómetros de placentero paseo separan Durango del centro de Mañaria, donde la nueva edificación de un hermoso frontón pueblerino, acusa el buen gusto de los ediles del Concejo.

Siempre tenemos que aumentar un encanto más en la contemplación de los picachos que bordean el pueblo: Mugarra, Artatzagana, Leungane, Ezkubara o Ezkuaga, Zaibegui, Untzillaitz…, todos ellos forman esbeltas figuras del Parque natural de Urkiola, que encuadran perfectamente en el paisaje bucólico. Si vamos a principios de junio, la fruta roja de abundantes cerezos realza la hermosura de prados y heredades.

 

II.—ESKILLARRI, lugar de Eskubaratz donde mataron un oso.

Esta pequeña historia verídica, referente al último oso que se mató en Vizcaya, la hemos oído repetidas veces a nuestro antiguo profesor don Evaristo de Bustintza (Kirikiño), cuando hacia 1924 éramos discípulos suyos (G. b.).

ESKILLARRI (Parque Natural de Urkiola), bien merece la pena de perpetuársele el nombre! como lugar histórico de la Peña de Eskubara, pues en él mató un oso un vecino de Mañaria.

urkiola mañaria abadiño

Previamente daremos a conocer dónde está. Situándonos en Mañaria y dando vistas a Urkiola, tenemos a nuestra derecha la peña de Euskubaratz, que en todo el itinerario de la subida al célebre Santuario, no dejamos de contemplarla a placer. En su parte occidental se ve a la derecha, y a la terminación de una campa muy pendiente un circo pedregoso en forma de anfiteatro dentro de la peña, formándose un enorme saliente, un cabezo, un buru, como le denominaríamos s en el léxico toponímico del idioma del país, inclinado algo hacia la derecha; por debajo de este cabeza hay un paso, un sendero colgado sobre el precipicio, para pasar a la parte zaguera de la peña, sendero o paso llamado Irakun. Eskillarri está encima de ese cabezo, y a la izquierda; está una campita estrecha y alargada desde la parte anterior a la posterior de la peña. Desde el valle no se advierte esa campita, que está en la parte superior.

Se puede ascender a Eskillarri por la parte delantera de la peña, subiendo por Pagasate, y luego por un senderito poco perceptible que por la izquierda del cabezo va hasta la misma campita. Es un fuerte repecho que requiere buen entrenamiento y sanos pulmones y corazón, ideal para la gente joven montañera. Más largo y cómodo es subir por Arrueta al depósito de agua de la fuerza eléctrica, en el alto de Astagan; desde allí ascender hasta la base del cantil o tajo de la peña y continuar por el sendero que siempre sigue hacia arriba, junto a los enormes acantilados o tajos que tiene Eskubaratz (Parque natural de Urkiola) en su parte occidental, sendero denominado Atxondoeta. Al concluir los acantilados la senda se vuelve casi llana, en el lugar llamado Arridu, que con relación, a Mañaria está ya situado en la parte posterior de la peña; en cuanto se llega a Arridu se contempla a la izquierda una «artxilika» o escombrera natural, muy pendiente pero corta. Se atraviesa el sendero que hay en ella y a continuación llegamos a Eskillarri, lugar donde un hombre valiente mató al último oso de Vizcaya.

urkiola mañaria abadiño 3

III.—La historia del último oso de Vizcaya.

Ahora nos toca narrar, siempre basándonos en Kirikiño, la historia verídica de la caza.

«Es un suceso muy extraño, nos dice, la aparición y permanencia de aquel oso en los montes de Mañaria y Dima, principalmente en el macizo de Eskubara. Si alguna vez han vivido en esos montes los osos debe de hacer ya mucho tiempo, pues nadie los recuerda, y los habitantes no han visto más osos que los flacos de los húngaros, y éstos alguna vez en toda su vida.»

Nosotros creemos que efectivamente, sin poder precisar época, el oso habitaría los montes de nuestra tierra y como sucede siempre, al superpoblarse, ha ido desapareciendo por la caza encarnizada que el hombre presenta a todo animal y en todas partes del mundo.

Una de las primeras personas que vieron aquel oso fue una muchacha de Arrueta, al ir por agua a la fuente Malau, que está en una estrecha hendidura al pie de unos ribazos o muñas. Había nevado hasta el pie de Eskubaratz, circundando a los caseríos de Mañaria; tiempo frío y revuelto, propio de un duro invierno. Al acercarse la muchacha salió el oso de la hendidura, y pausadamente!! marchó hacia arriba y desapareció por las heredades de Etxebarri. Ella no conoció qué animal era; quedó breves instantes mirándole, tomó el agua y regresó a su casa con inquietud.

Allí contó que en Malau había visto un animal muy grande, que al principio le pareció un burro, pero después advirtió que era distinto. Salieron armados a buscarlo, pero no consiguieron encontrarlo.

Poco tiempo después vieron al oso en distintas ocasiones y parajes, entre otros Pedro de Zubero, del caserío Indabeiti, el cual desde Iñungana le vio un día pasar, al oscurecer, por el alto de Eskubara en dirección a Mañaria, y a distancia relativamente corta de él, un animal desconocido de gran bulto; los pelos se le pusieron de punta y bajó corriendo a su cercana casa, con el temor consiguiente.

Se observaba que el oso se retiraba siempre prudentemente cuando se encontraba con personas, y por eso, y porque no se notaban daños entre los rebaños, los hombres tampoco le perseguían, y con el vivieron todos en buena paz durante año y medio o dos años. Pero en la primavera y verano de 1871 comenzó el oso a atacar

al ganado; y tuvo la desgracia de matar a dos ovejas del «etxe-jaun» de Azkondo, y éste resolvió matar al oso cuanto antes. Juan Cruz de Bizkarra, el «etxe-jaun de Azkondo», era un enemigo terrible y astuto de toda clase de alimañas silvestres. Con sus trampas, lazos y cepos exterminó un gran número de basakatu (gato montés), azkonarra (tejón), katamielga (garduña), katakuxe (marta) y azeri

(zorro). De este último cogió una vez en una sola noche ¡cinco!. Este etxeko jaun, casero de Azkondo, era el enemigo que se granjeó el oso con matar aquellas dos ovejas suyas.

+Ültimo oso matado en Urkiola mañaria

IV.—La muerte del oso.

Lo primero que hizo Azkondo fue dedicarse a vigilar al oso, guiándose de sus huellas (oñatzak), y atisbando desde los altos con su vista perspicaz y su oído finísimo. Toda su atención, toda su alma, la puso en esa tarea peligrosa, consagrándose a ella día y noche. Y consiguió averiguar que el oso tenía su cubil (tokia) en lo alto y parte posterior de Eskubaratz; que de noche bajaba hacia Mañaria, y al amanecer se retiraba prudentemente, pasando por Eskillarri.

Dio conocimiento de ello a unos compañeros, pastores como él, o dueños de ganado lanar, y la noche del 20 de agosto d 1871; con una luna llena subieron a Eskilferri Juan Cruz de Pizkarra, de Azkondo; Julián de Aguirre, de Jrkuletabarreneko; Timoteo de Echanobe, de Urkuletagoikoa; José Solaguren, de Tarra» un vecino de Mañaria y otro de Indusi (Dima), cuyos nombres no  han sabido perdurar. Subieron de madrugada, cuando suponían al oso de excursión por la parte delantera de la peña y lo hicieron seguramente por Arridu, conteniendo hasta la respiración.

Se escondieron allí sobre unas rocas que dominan la campa, ocultándose, lo mejor que podían, y detrás de unos brezos (iñarrak), Juan Cruz de Bizkarra y Julián de Aguirre; los demás de dos en dos, se colocaron en diversos puntos, bien armados todos. Antes habían puesto una cabra vieja atada en el camino que suponían había de traer el oso para poder conocer cuándo venía éste.

Así sucedió. A eso de las cuatro de la mañana oyeron los rugidos del oso y los gemidos de la víctima y se prepararon. Al poco rato apareció en la campa el animal y en vez de continuar el camino hacia su cubil se detuvo, levantó el hocico olfateando el ambiente, miró fijamente al sitio en el que se escondían los cazadores y comenzó a avanzar cautelosamente, al modo del gato que quiere acercarse a un pájaro. En vista de esto, dijo al oído Azkondo su compañero:

—Hay que tirarle, que viene.

Y Azkondo le indicó por señas que estuviese quieto; apoyó bien la escopeta sobre la roca y apuntó a la cabeza, pero le dejaba acercarse para asegurar el tiro. Cuando le tuvo a pocos metros de distancia disparó, y el oso cayó fulminado, sin ningún movimiento. Los compañeros de Azkondo, pletóricos de alegría, se levantaron con la intención de ir a donde yacía el oso; pero aquél, tan valeroso como prudente, les ordenó que no se moviesen y que tuviesen las armas preparadas por si no estaba muerto, sino solamente herido. Le tiraron piedras, le dieron voces y en vista de que no hacía el menor movimiento se acercaron a él, y comprobaron que estaba bien muerto. La bala le había entrado por junto al ojo derecho y le había salido por detrás del brazo izquierdo, atravesándole el cráneo, cuello y pecho.

Lo bajaron rodando hasta la primera estrada, y luego en la carretera del que era entonces alcalde, Vicente de Arzubia, de Zearra, fue llevado primero a Azkondo y después al Ayuntamiento para que lo viese todo el pueblo. A continuación fue enviado a Bilbao, a la Diputación.

Se dice en Mañaria que el animal pesó ocho arrobas y ocho libras, (aproximadamente 95 kilos); que su carne se vendió en Bilbao a dos reales la libra, mucho más cara que la carne de buey en aquella época, y que la piel disecada fue destinada a la clase de Historia Natural del Instituto Vizcaíno (1)

El Ayuntamiento de Mañaria dio a Azkondo una onza de oro (dieciséis duros, ochenta pesetas de aquellos tiempos) y como premió  un diploma que dice así:

 «El Ayuntamiento Anteiglesia de Mañaria a D. Juan Cruz Vizcarra (Askondo) para  perpetua memoria y como prueba de agradecimiento por el oso que mató en la peña de Esquilarri a las cuatro de la mañana del día 20 de Agosto de 1.871.»      

De la Diputación le enviaron como premio once monedas de ochenta reales.

Fue invitado a presentarse en Bilbao repetidas veces, más nunca  quiso. Era hombre muy sagaz, y temía que le mareasen a pregunta del arma que había usado para dar al oso tan formidable tiro, tan inverosímil con escopeta de caza, y como en aquella época había mucho fusil oculto en las cuevas para el próximo levantamiento car lista…    

De los que tomaron parte en aquella expedición nocturna contra el oso sólo vive uno, José de Solaguren, el de Ibarra, que habita desde hace muchos años en Izurza en el caserío Uresandi, si no estamos equivocados.

Todos los datos y detalles que hemos expuesto los sabemos de dos fuentes: nuestro difunto padre, que oyó muchas veces ese relato de labios del mismo (Juan Cruz, y el hijo de éste, Doroteo Ibarra, hoy «etxe-jaun» de Azkondo.

Hasta aquí guardamos el recuerdo y los apuntes que tomamos en nuestra clase con el difunto Kirikiño (g. b.), ameno narrador como se puede comprobar en sus famosos libros «Abarrak», que no nos cansamos nunca de leer.   

  • Néstor de GOICOECHEA y ARALUZE
  • XABIER LAZC0X
  • Xabier Lázcoz Biguría (1887-1965)

Es una simpática aportación de la Navarra Euskalduna a la cultura vasca, y los valores espirituales y morales de este santo sacerdote merecen un buen ensayo.

  • Efectivamente el oso disecado apareció en el Instituto, archivado en su sótano, gracias a las pesquisas realizadas por el director del mismo Mario Grande, quien lo trasladó al Museo Etnográfico.

 

TEXTO ENTREGADO POR LA FUNDACIÓN SANCHO EL SABIO DE VITORIA – GASTEIZ Y COPIADO TAL CUAL.

(Parque Natural de Urkiola), (Parque Natural de Urkiola), (Parque Natural de Urkiola), (Parque Natural de Urkiola), (Parque Natural de Urkiola), (Parque Natural de Urkiola), (Parque Natural de Urkiola), (Parque Natural de Urkiola), (Parque Natural de Urkiola), (Parque Natural de Urkiola), (Parque Natural de Urkiola), (Parque Natural de Urkiola) 

Miguel Angel Romero

Miguel Ángel Romero Ruíz, informático de profesión y tanto cazador como pescador de vocación. Miguel Ángel es, ante todo, un hombre que ama al Mundo Rural en todas y cada una de sus dimensiones. Nació en mayo de 1951 en Fuente Andrino (Palencia) y lleva más de 40 años fuertemente arraigado en Euskadi. Es un amante incondicional de las culturas autóctonas y por ende de las cazas tradicionales.

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3 Commentarios

  1. Miguel Ángel Romero Ruíz
    0

    Queridos y respetados todos aquellos que incondicionalmente aman y apoyan al mundo rural cuidando esa rica cabaña ganadera que conozco a la perfección, en la que los animales no estabulados o semiestabulados pastan en sus verdes praderas donde a poca sensibilidad que uno tenga, le embarga la emoción. Y todo ello a pesar de los purines que la administración no encuentra ni quiere buscar solución.
    En mis escritos les agradecería que escribieran sobre temas relacionados con los lobos, los osos y los buitres. Especies todas ellas que el ganadero vasco sabe tratar adecuadamente. No obstante hubo un periodo en el que la UAGA lo pasó mal en ÁLAVA.
    He asistido a conferencias de expertos en lobos y si hubiese estado en mi pueblo y la edad me hubiese acompañado hubiera apagado la luz y les hubiese puesto a hostias morados. Qué proclamas, qué soflamas, qué graficas en PowerPoint para no decir nada. Qué estipendios cobraban los muy ladinos. Miren ustedes, sacar a la luz lo que fuimos nos sirve para comprender lo que somos.
    MUCHAS GRACIAS A TODOS

  2. Miguel Ángel Romero Ruíz
    0

    Jon,
    Has escrito un precioso, interesante y veraz relato alejado de las grandezas de las cacerías de postín y de la de los matabichos con dinero y modales prestados. Una historia centrada en el Mundo Rural Vasco tan rico en vivencias e historias que, en definitiva, definen a uno de los pocos pueblos íntegros del Mundo. Yo cuando viene aquí me quedaba alelado en los filandones donde se hablaba poco y se bebía menos. Pero se hacía una cosa que hoy ha pasado a la historia: SE ESCUCHABA A QUIÉN HABLABA. Y … en algunos casos había apuestas.
    En otro orden de cosas y en respuesta de dos hermanos abogados, quisiera decirles que lo que he escrito de forma vehemente y criticando a según y que gente, nada tiene que ver con la historia en cuyo ranking de estos menesteres, estará siempre muy arriba. Y si he escogido el epicentro Vasco al escribir de osos, es debido a lo bien que me han tratado en archivos y demás entes oficiales. Bueno, y por lo mucho que quiero y admiro a quienes me cuesta trabajo entender su castellano, pues yo, a diferencia de mis dos hijos, no domino el Euskera y a veces lo lamento, pues se que pierden punch los relatos en tan querida lengua. Pero tengo en toda la gente que me rodea a los mejores traductores del mundo. Son, gente que comprende que amé a mi tierra Castellana además de a la Vasca.
    Muchas gracias Jon y que Dios guarde a personas como tú que se toman en serio la historia popular que merece la pena, la otra es propia de gentes que por mucho que hablen o escriban, nunca dicen nada.
    UN ABRAZO

  3. Jon
    1

    Cuenta una persona mayor de mi pueblo, Etxalar, que a él de joven le contaron que tiempos atras un casero de la zona en una ladera de Mendikarri, el monte que hay al lado del collado de Lizaieta, siempre veia una yegua alrededor de un acebo. El casero siempre lo veia por la misma zona, cerca del acebo y a este, harto de verlo siempre ahi, no se le ocurrio otra cosa que cortar el acebo. A los pocos dias la yegua yacia alli devorada por un oso. Parece ser que la mejor defensa de las yeguas son las patas traseras y esta yegua se ponia cara al acebo para defenderse y cuando falto el acebo se acabo su proteccion por lo que fue presa facil para el oso. Lo cuento porque parece o puede ser que aqui tambien los hubiera hace tiempo.

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Miguel Ángel Romero Ruíz, informático de profesión y tanto cazador como pescador de vocación. Miguel Ángel es, ante todo, un hombre que ama al Mundo Rural en todas y cada una de sus dimensiones. Nació en mayo de 1951 en Fuente Andrino (Palencia) y lleva más de 40 años fuertemente arraigado en Euskadi. Es un amante incondicional de las culturas autóctonas y por ende de las cazas tradicionales.

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