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Pesca deportiva: Marzo con la caña al brazo

Pesca deportiva: Marzo con la caña al brazo

Pesca deportiva: Marzo con la caña al brazo. Todavía no es un mes que los pescadores estaban preocupados por la escasez de agua en los cauces fluviales.

A día de hoy curiosamente en los ríos de la cornisa cantábrica el problema no es el agua sino la alarmante escasez de truchas autóctonas.

No en vano pescar una fario es poco menos que un reto para el más avanzado de los aficionados.

En cuanto al salmón, pez rojo y casi sagrado del que hablaban Plinio y Plutarco cien años después de Jesucristo, el tema es preocupante.

Pero a pesar de la grave regresión que han experimentado sus poblaciones se empieza a constatar en algunos ríos asturianos una leve progresión fruto de las repoblaciones.

Sin embargo entre los cormoranes que se comen los alevines y algunos ríos pequeños que están casi tapados de vegetación es difícil que las truchas y este emblemático y poderoso pez salga adelante por mucho que los que los cuiden los pescadores.

Otro problema de los aficionados para poder pescarlo es tener la gran fortuna, entre un sin fin de solicitudes de ser agraciado en el sorteo, donde se establece lugar y día.

Está demostrado también que hacia 1896 fueron los ingleses los que utilizaron la caña con mosca para pescar salmones en el río Asón.

Por el contrario en Asturias la pesca a caña es más antigua. En el año 1031 el convento de CORIAS ya cobraba salmones en concepto de renta.

Posteriormente en 1541 se observa en algunas casas nobles asturianas empalizadas cruzando el río y formando normalmente dos líneas de estacas.

Un real decreto de Carlos III privó en 1795 de tales privilegios a las casas nobles. Pero volvamos al pez más popular hasta ahora y al que más horas de ocio se le ha dedicado, la trucha.

Como la mayoría de los peces, son criaturas termo barométricas muy sensibles y con las aguas frías les resulta más difícil entrar a toda clase de cebos y señuelos que se les presente, en función de que es también notablemente menor su actividad y afán de alimentarse.

Del mismo modo que cuando se va caldeando tanto las aguas como el ambiente exterior, nunca en exceso, la pesca se mueve más y parece sentir mayor apetito y voracidad.

Conviene pues buscarlas en las zonas de mayor profundidad y tranquilidad de las aguas, ya que es muy probable que en la seguridad de los grandes pozos sea donde los mejores ejemplares hayan buscado también refugio contra la corriente.

Así detrás de las defensas naturales que presenta el propio río, rocas, troncos sumergidos etc y en las zonas soleadas será donde se encuentren las mejores piezas, evitando tener que gastar energías contra la corriente.

Como animales cazadores que son las truchas, buscaran alimentarse al alba y al crepúsculo sin desestimar los periodos solunares, ya que estadísticamente en condiciones medias arrojan un elevado porcentaje de casos de acierto y nos indican ventajosamente las ocasiones en las que se produce una sensible actividad de los animales silvestres en general

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Redacción Desveda

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