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¿Qué efectos tiene la prohibición de la caza en los parques nacionales?

¿Qué efectos tiene la prohibición de la caza en los parques nacionales?

¿Qué efectos tiene la prohibición de la caza en los parques nacionales?

Expertos alertan del posible aumento del paro en una zona despoblada y envejecida, así como consecuencias medioambientales debido a la sobrepoblación de determinadas especies

Este 2020 supondrá un antes y un después para el mundo de la cinegética. A partir del 5 de diciembre los parques nacionales pasarán a ser un terreno vetado a la caza, según lo dispuesto en la Ley 30/2014 de Parques Nacionales. Desde ese momento quedará prohibida en esos espacios la pesca deportiva, la pesca recreativa y la caza tanto deportiva como comercial. Aunque esta medida contempla indemnizaciones públicas para propietarios de cotos en esa zona, desde el sector denuncian que todavía quedan muchos flecos sueltos, ya que, según dicen, no se ha acordado ninguna cantidad y la duda se extiende sobre la continuidad del mundo de la caza.

La prohibición de estas actividades tendrá consecuencias sobre los propietarios de cotos, que en parte recibirán una compensación, pero también afectará a otros sectores que viven de la caza. Desde la Fundación Artemisan, una organización que busca promover la gestión y conservación de fauna y flora a través del aprovechamiento sostenible de especies cinegéticas, alertan de que acarreará, además, un importante impacto negativo sobre la economía de la zona.

La gran mayoría de estos Parques Nacionales se encuentran en la España Vaciada, esa zona rural de la que en las últimas décadas han emigrado miles de jóvenes y, por tanto, ha quedado envejecida y con un índice de despoblación muy elevado. La escasa población que se mantiene en los pueblos de la zona vive del campo, de la ganadería y, también en gran parte, de la economía que se mueve alrededor de la caza, según afirman en la Fundación.

Una de esas zonas, cuya economía está ya bastante mermada pero que sobrevive, en gran parte, gracias al sector cinegético, es el entorno del Parque Nacional de Monfragüe, en la provincia de Cáceres. En la última década, la zona ha perdido un 2% de su población, mientras que el paro no ha parado de crecer de manera exponencial, llegando a aumentar más de un 80%, tal y como muestra un estudio llevado a cabo en colaboración con las Universidad de Extremadura. Pocos recursos, pocas salidas profesionales y pocas infraestructuras. Un caldo de cultivo para que los jóvenes hayan salido hacia la capital de la provincia o incluso hacia otras comunidades autónomas.

La comarca, especialmente azotada durante la crisis económica de comienzos de siglo, no ha conseguido recuperarse en los últimos años y la falta de relevo generacional está agravando aún más el problema. Pero este no es un caso único, ya que a cientos de kilómetros se repite la misma escena. En Castilla-La Mancha se encuentra el Parque Nacional de Cabañeros. Ahí, la pérdida de población ha sido aún más sangrante, un 19%, mientras que el paro ha crecido más de un 40%, según un informe elaborado por la Fundación en colaboración con la Universidad de Castilla-La Mancha.

Ante esta situación, los jóvenes han decidido marcharse y, en consecuencia, tanto en el entorno de Cabañeros como de Monfragüe la población está altamente envejecida, varios puntos por encima de la media de las provincias de Cáceres (en el caso de Monfragüe) y Ciudad Real (en comparativa con Cabañeros).

Los habitantes de las zonas habían visto con esperanza la declaración de Parque Nacional y su protección, ya que conlleva un aumento del turismo que ayudaría a revitalizar tímidamente la hostelería y la restauración de estas localidades. Pero ese impulso turístico ha sido sólo un pequeño apoyo, dado que muchos de los bares, restaurante y hostales de la zona, por poner algunos ejemplos, funcionan gracias al trasiego de cazadores.

Por eso, la prohibición de la caza en estos espacios podría suponer, según alertan desde Fundación Artemisan, un gran impacto económico en unas comarcas que, además, ya están afectadas por la despoblación rural. Y es que la caza es un sector de enorme importancia en España, hasta el punto de que, que tal y como muestra un informe publicado por la Fundación y la consultora Deloitte, aporta 6.475 millones de euros al PIB de España y supone el mantenimiento de más de 189.000 empleos.

La caza aporta 6.475 millones de euros al PIB de España y genera 189.000 empleos

UN PROBLEMA MEDIOAMBIENTAL

Pero los expertos van más allá y alertan de una doble vertiente que acarrearía, además, un problema medioambiental. La catalogación como Parque Nacional tiene como objeto la conservación del hábitat y de las especies animales y vegetales que en él se encuentran, pero desde la Fundación advierten de que con la prohibición de la caza eso ya no será posible.

Alertan de que sin esta actividad no se regularía y controlaría la población de especies como los ciervos, los jabalíes o las cabras monteses. Una superpoblación de estos animales, avisan, podría tener consecuencias perjudiciales para la flora, ya que se alimentarían de gran parte de esas plantas protegidas e incluso podrían acabar con ellas.

Asimismo todo ello podría derivar en la aparición de zoonosis como sarna o tuberculosis, como de hecho ya está ocurriendo en Espacios Naturales Protegidos o Parques Nacionales como Guadarrama o en las áreas públicas de Cabañeros donde actualmente ya existe una limitación de la actividad cinegética.

Los expertos van un paso más allá y plantean que, ante esta situación en diciembre de 2020, no sólo habría que indemnizar economicamente a los propietarios de esos espacios donde se prohíba la caza, sino que sería necesario que las administraciones tomasen medidas para controlar la población y contratasen a esos cazadores para que realizaran batidas con el fin de reducir esas especies cinegéticas en los Parques Nacionales. Es decir, donde antes la caza generaba riqueza y valor económico, ahora la administración tendría que indemnizar a los propietarios y además pagar a cazadores para realizar una actividad que hasta la fecha pagaban de sus bolsillos.

Por ello, piden que se valore el importante impacto medioambiental que podría tener la prohibición de la caza en esos entornos, pero también las consecuencias económicas para las arcas del Estado.

Estos entornos, reconocen, deben catalogarse de forma individual, ya que algunos parques deben contar con una protección especial. Desde la Fundación Artemisan piden que se tengan en cuenta las peculiaridades de la fauna y de la flora de cada parque, donde en algunos como Monfragüe, Cabañeros, Picos de Europa y Guadarrama la presencia de especies cinegéticas es muy elevada y podría llegar crear problemas de superpoblación. En otros, en cambio, como Timanfaya, Tablas de Daimiel o Aigües Tortes, reconocen que la actividad cinegética no tiene sentido técnico ni científico. Y en todo caso, que la actividad cinegética se realice compatibilizando esta actividad con la turística, clave para la socioeconomía de estos espacios

Por eso, desde la Fundación Artemisan quieren advertir de las consecuencias que podría acarrear esta prohibición y piden a las administraciones una valoración previa para garantizar la estabilidad económica y medioambiental de la zona.

Fuente mundo.elmundo.es

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Redacción Desveda

Redacción periódico digital Desveda #caza #pesca #tirodeportivo #rural #naturaleza

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