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¿Qué hace esta enorme carpa asiática en Madrid? Las especies exóticas nos invaden

¿Qué hace esta enorme carpa asiática en Madrid? Las especies exóticas nos invaden

Un pescador ha sacado una carpa amur de 16 kilos del río Guadarrama. Muchos países la consideran una plaga. Tras el desastre del siluro en el Ebro, siguen apareciendo especies

avier Llorente tiene 28 años y lleva muchos de ellos practicando la pesca deportiva. Como todos los pescadores, tiene sus lugares fetiche, allí donde logra las mejores capturas. Hace dos semanas, Llorente plantó su caña entre unos arbustos en el río Guadarrama (Comunidad de Madrid) y al rato se llevó la mayor sorpresa de su vida: una enorme carpa asiática de 16 kilos mordió su anzuelo. Tardó 35 minutos en poder sacarla, ya que picó en una caña pequeña. Tras unas fotos, la devolvió al agua. Es el primer ejemplar capturado en la Comunidad de Madrid, una especie solo detectada antes en Cataluña. En cuanto subió las fotos a las redes sociales, cientos de pescadores se mostraron asombrados y muchos le preguntaron cómo lo había logrado, ya que la carpa asiática, o carpa amur, es un pez herbívoro que rarísimamente muerde un anzuelo.

“Yo soy el primer sorprendido. Me dicen que se ha visto algún ejemplar pequeño en el Jarama, pero no de este tamaño”, cuenta Llorente, estrella por una semana en el mundo de la pesca tras aparecer en ‘Jara y Sedal’. “Los pescadores están como locos por saber el sitio, pero no lo voy a decir. No quiero que me lo quemen. Hay gente que viaja a Francia a por esta carpa. Este fin de semana volveré a los matorrales a probar suerte, aunque es dificilísimo que esa especie muerda un anzuelo. Puede que algún alga se depositara ahí y por eso lo mordió”.

En las cuencas ibéricas, hay 306 especies animales y vegetales invasoras, más otras 272 que son susceptibles de serlo en el futuro

La presencia de esa enorme carpa asiática en el río Guadarrama es en verdad una mala noticia para nuestros ríos. En los últimos años, no paran de aparecer especies acuáticas exóticas en la Península. Muchas de ellas son invasoras. Se calcula que hasta un 70% de nuestros ríos, lagos y estuarios tiene más especies exóticas que autóctonas. En concreto, en las cuencas ibéricas, hay 306 especies animales y vegetales, más otras 272 que son susceptibles de ser invasoras en el futuro, según el estudio ‘Lista de especies exóticas potencialmente invasoras en la península Ibérica’, elaborado por el proyecto europeo Life Invasqua.

El trauma del siluro

La carpa amur no es el siluro, ese enorme pez depredador que ya se ha hecho fuerte en el tramo del Ebro en Mequinenza, entre Cataluña y Aragón. Pero sí que la carpa se considera una plaga en varios países, porque devora todo el manto vegetal del lecho fluvial. Por lo tanto, su impacto ambiental es fuerte. Y si Llorente fue capaz de sacar un enorme ejemplar en el río Guadarrama, todo indica que tiene que haber muchas otras carpas amur en la zona.

¿Pero cómo llega una carpa procedente de China y la India a un río de la sierra madrileña? “Hay varias razones para la llegada de peces exóticos a nuestras aguas”, explica José Luis Bruna, presidente de la Federación Española de Pesca y Casting (Fepyc). «Hay quien introduce una especie por interés particular. Por ejemplo, la carpa amur ha sido introducida antes en ríos españoles para que se coma las hierbas que obstruyen canales de riego o canales de centrales eléctricas, lo que es un error. También se debe al transporte mercantil en los buques, que recogen agua en origen y la sueltan en destino, llevando miles de larvas de un lado al otro. También está el ignorante que compra un acuario para los niños y cuando deja de tener interés tira los pobres bichos al río. Finalmente, también hay algunos pescadores irresponsables que introducen una especie para poderla pescar, o directamente delincuentes como el biólogo alemán que introdujo el siluro en el Ebro a la altura de Mequinenza».

Bruna asegura que los pescadores recreativos, al menos los federados, son muy conscientes del daño que hace una especie exótica en nuestros ríos. Así que no se debe señalar a los pescadores como únicos responsables de este enorme desajuste medioambiental. Los grupos ecologistas no son tan benévolos con los pescadores y la industria de la pesca.

“A nosotros nos gustaría que los ríos fueran como hace 60 años, sin especies invasoras», dice Bruna. «¿Sabes por qué? Porque el valor deportivo de una especie es la capacidad para poder engañarla y que pique el anzuelo, y las especies exóticas no tienen esa capacidad porque están menos aclimatadas y tienen menos defensas. Las especies autóctonas sí son interesantes porque están su hábitat. Las únicas especies exóticas que consideramos interesantes son la carpa común, que ya está naturalizada, la trucha arcoíris, que se soltaba antiguamente en zonas donde ya no había trucha autóctona, y la perca americana o ‘black bass’, que nos ayuda a mantener a raya al cangrejo americano y otros depredadores”.

Lo que ocurre a veces es perverso y pone en el foco a los pescadores. Una vez introducida una especie exótica en un tramo de río, se genera toda una economía de la pesca alrededor. Es un impulso económico para los pueblos de la zona, pero un atentado ecológico en toda regla. El mejor ejemplo es el de Mequinenza (Zaragoza), adonde llegan pescadores de toda Europa a por el preciado siluro, una especie originaria de la bahía del Volga, en Rusia. “Vienen extranjeros específicamente a pescarlo. Se ha creado un negocio en tiendas de productos de pesca, embarcaciones alrededor y otros servicios que dificultan poder tomar medidas. El siluro es un problema enorme porque es un gran depredador que transforma por completo el hábitat”, cuenta Theo Oberhuber, coordinador de Ecologistas en Acción.

“En casos como este, en que se ha generado una economía y se ha extendido tanto la especie, no podemos pensar ya en erradicarla, por muy terrible que sea. Lo mejor es gestionarlo y evitar que se expanda más”, afirma el presidente de los pescadores. “En este caso, sí sabemos cómo se introdujo la especie, pero muchas veces es imposible y no hay un culpable claro”.

Del río bravo al pantano

Una de las razones por las que hemos sido invadidos por las especies exóticas es el profundo cambio de nuestros ecosistemas fluviales. Los embalses y pantanos han hecho que ríos pedregosos con buen caudal se conviertan en espacios de aguas tranquilas y lechos lodosos. Ecosistemas ideales para el arraigo de especies subtropicales, como la carpa asiática o el mejillón cebra. Muchas de estas especies, en condiciones de hace 100 años, no serían capaces de sobrevivir en la Península, y mucho menos apartar a las especies autóctonas.

¿Y ahora qué hacemos con la enorme carpa del Guadarrama? Lo más probable, asegura Oberhuber, es que pase como con todas las demás: la carpa amur se expandirá en las aguas madrileñas (es capaz de aguantar desde temperaturas frías hasta los 38 grados) antes de que la Comunidad de Madrid, responsable de la gestión de sus ecosistemas, se decida a catalogarla oficialmente como invasora y comience a controlarla. “El trámite es lento, puede durar entre uno y dos años, tiempo suficiente para que una especie se asiente y sea ya muy complicado erradicarla. Me temo que en dos o tres años habrá una alarma por la presencia de la carpa asiática en diferentes lugares y luego se estudiará. Lo ideal sería tener un sistema de alerta temprana, pero las comunidades autónomas no lo tienen y terminan siendo los pescadores quienes identifican a las especies exóticas”.

Fuente. elconfidencial.com

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Redacción Desveda

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