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Tras el rastro del jabalí

Tras el rastro del jabalí

Febrero es un mes en el cual la caza del jabalí se manifiesta con todas las exigencias que requiere esta práctica. No en vano el animal está más fuerte ??? bellotas de encina y hayucos son para él pura energía- y el rigor del invierno hace mella incluso entre los cazadores más exigentes. A pesar de todo no escatimarán esfuerzos para tener la oportunidad de vivir ese lance tantas veces soñado con un gran macareno que por una causa u otra siempre le enseñó la matrícula.

Un jabalí con 10 o más años es una fuerte de sabiduría, fuerza e independencia propia de los que se han curtido en mil batallas con perros, perreros y balas que le han silbado por encima de las orejas. ¡Lástima que no pueda hablar! ¡Cuantos cazadores tendrían que agachar la cabeza! La mejor forma de hacerse con él es ejerciendo la modalidad de caza que se practica en la zona norte peninsular, con perros de rastro atraillados (atados).

Se trata de localizar al amanecer el rastro de la noche y seguirle durante horas hasta que los perros ???uno o dos- localicen más o menos la zona donde esta encamado. Es entonces cuando el perrero vuelve por sus pasos para avisar a sus compañeros en que zona se encuentra el animal. Unos alientos más y ya están más o menos las querencias cubiertas. Y ahora a esperar. Cada cual en su soledad con sus dudas y recelos. En esa prolongada y silenciosa espera, anida el auténtico encanto de esta práctica. Uno solo, consigo mismo. El rifle en las manos. Los sueños de la noche se agolpan en la incertidumbre.

Todos al alcance de la mano ¿Por dónde romperá? Todas las ansiedades se apelotonan en el pensamiento. Aquel jabalí herido que rajó a un compañero y mató tres perros, aquel otro que le dejó los tiros cortos,??? y tantos otros. Laten los perros, lo llevan encima. ¡Ya está ahí el bicho! Hecho una bola peluda, rompiendo monte, irrumpe en la querencia, las cerdas tiesas, la boca abierta, con la lengua fuera llena de sofocos. Al cazador le palpita el pecho. Apunta al brazuelo y dispara. Dobla con honor el macareno. Silencio. Un sudor frío invade su cuerpo. Siente un extraño bienestar. Pura esencia venatoria. Termina lo sugestivo. Luego están las felicitaciones. Es otra cosa. Muerto el jabalí ha perdido la sugestiva belleza cinegética, pero no sus emocionantes recuerdos. Esos maravillosos momentos perdurarán de por vida.

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