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Van sin carnet

El invierno ya ha hecho sus primeros gestos y los jabalineros saben que tienen que estrujar el cacumen para poder echarles el guante a los jabalíes. Y es que tienen bellota de encina, de roble y todavía algún que otro hayuco y eso les aporta energía suficiente para pasar el invierno y hacerse con un traje que para sí lo quisieran los que suben al Himalaya.

Afortunadamente se están abatiendo grandes machos con buenas defensas y eso los cazadores lo agradecen. Sin embargo les preocupa y mucho los seteros que invaden las manchas que van a batir, chanteando la caza y ocasionando un peligro manifiesto a unos y otros. Y es normal que se quejen, no en vano las batidas están legalmente autorizadas y debidamente señalados los caminos de entradas de las manchas a batir. Además se les exigen chalecos reflectantes, seguro de caza, licencia, permiso de armas, y a los seteros absolutamente nada, con el peligro que conlleva ocupar un monte que está rodeado de 20 ó 30 rifles. Pues ni por esas, “el monte es de todos”- qué más quisieran- ancha es Castilla. Así pasa lo que pasa. Como en las carreteras de noche con los jabalíes cuando abandonan el encame y las cruzan sin mirar el retrovisor, sin carnet, y… encima sin luces.

No lo tomen a broma que el tema es serio. El que esto les cuenta el pasado domingo no tuvo más remedio que pasar a uno con la rueda delantera derecha por encima en el pantano de Legutiano camino de Otxandio. Es la quinta vez . Tela la escapada que hice, afortunadamente las otras veces les pude sortear. El problema en ese entrante de pantano es muy serio, estamos hablando de incidentes que pueden costar vidas humanas. Cuatro discos alertando del peligro aliviarían el problema.

Por estas fechas entran en celo y se mueven mucho más para visitar las manchas en busca de uno de los futuras madres de sus jabatos. Es el momento de hacerse con el viejo y receloso jabalí por medio de alguna espera y ayudado por la luna. Bajan la guardia y el gran macareno soñado tantas veces puede denotar su blanquecina jeta a quien de verdad es capaz de aguantar sin mover una pestaña tres o cuatro horas con un dedo de hielo sobre sus espaldas. No sabría decirles si es peor esto que caminar monte arriba, ladera abajo, durante 8 horas seguidas detrás de las perdices. En ambos casos “sarna con gusto no pica”.

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