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EL JABALÍ, ESCURRIDIZO Y VALIENTE

EL JABALÍ, ESCURRIDIZO Y VALIENTE

El jabalí se ha convertido en el principal protagonista de muchas jornadas de caza mayor. Por este motivo, algunos aficionados han comenzado a interesarse y a buscar información sobre este escurridizo animal.

El jabalí huye casi siempre del hombre, aunque no por ello debe perderse el respeto. Sus colmillos puntiagudos y cortantes pueden herir gravemente a cualquiera que se ponga en su camino, su bien es si cierto que su faceta agresiva sólo la muestra en ocasiones excepcionales, normalmente cuando ve peligrar su vida.

En efecto, cuando su agudo olfato le indica la presencia del hombre, el cerdo salvaje inicia su huida. Jamás busca el enfrentamiento y únicamente embiste cuando, acorralado, no encuentra otra salida para librarse del peligro.

También puede ser muy violento cuando se sabe malherido, aunque, a diferencia del ganado vacuno, no se ensaña nunca con sus víctimas. Al amanecer, el jabalí encamina sus pasos hacia su encame, muy escondido y ubicado en las zonas menos frecuentadas del bosque.

Adormilado, pasa el día en la espesura y al oscurecer campea en busca de comida, que ingiera glotonamente. Su dieta se compone principalmente de bellotas encina o roble, los tubérculos de muchas plantas y los cereales maduros.

También aprovecha casi todas las raíces de las plantas silvestres, especialmente las de candilillo, la medicinal zarzaparrilla y la dragontea. Para completar su alimentación come frutos jugosos y toda clase de hierbas nutritivas.

En sus recorridos toma grandes precauciones, marchando siempre por estrechas veredas que él o sus congéneres abrieron a lo largo de los años. Evita cruzar parajes con poca vegetación y, se ve obligado a hacerlo, olfatea y mira en todas las direcciones antes de atravesarlos a velocidad pasmosa.

Si en algún momento percibe la más mínima anormalidad, cambia raudo de dirección y se oculta en los matorrales más próximos. Los días de intenso frío son los más propicios para que el jabalí acuda a barrearse en los bañaderos, aunque nunca lo hace a las mismas horas.

Durante el día es muy difícil que abandone su encame. Incluso aunque perciba los ladridos de los perros de caza, mientras éstos no lleguen a la misma mata en la que se encuentre tumbado no se incorporara, para huir entonces a la carrera tendida o enfrentarse ferozmente a sus enemigos.

Por su constitución física el jabalí es mucho más ligero bajando que subiendo. Quizás por ello, suele esconderse en hondonadas y barrancos, donde permanece en pie largas horas atisbando, aunque reine el silencio más absoluto a su alrededor.

La astucia de la que hace gala el jabalí ha originado la creencia de que los machos viejos siempre llevan delante un jabalí joven, llamado el escudero, al que siguen a cierta distancia. Los grandes machos se zorrean como fantasmas en el monte, casi sin mover una hoja.

El cazador que quiera apuntarse uno de estos grandes jabalíes debe permanecer extremadamente atento y mantener una colocación acertada, evitando cargar aire. Las jabalinas bufan con fuerza al ser heridas o mordidas por los perros; en cambio los machos no se quejan, sólo emiten un bufido cuándo salen ilesos de los disparos de algún cazador, lo que en muchas comarcas llaman reburdear. Si esto ocurre, no merece la pena continuar su búsqueda

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Redacción periódico digital Desveda #caza #pesca #tirodeportivo #rural #naturaleza

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