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La caza selectiva para mejorar la salud de los corzos

La caza selectiva para mejorar la salud de los corzos

La caza selectiva para mejorar la salud de los corzos

Los expertos recuerdan la necesidad de cazar corzas como único método para reducir los niveles de parasitación

La necesidad de regular las poblaciones de corzos en los montes de Euskal Herria es una evidencia basada en los problemas derivados de las parasitaciones que afectan a los ejemplares de esta especie, por lo que su eliminación selectiva resulta fundamental para la mejora de la especie.

Esos dos argumentos son las principales razones que Florencio Markina, doctor en Ciencias Biológicas, zoólogo, responsable de Aran Servicios Medioambientales y presidente además de la Asociación del Corzo Español (ACE), considera necesario tener en cuenta a la hora de recomendar “la caza de ejemplares hembras y los meses más apropiados para ello son enero y febrero”.

Aunque la mosca o larva de las narices, enfermedad provocada por el ‘cephenemyia stimulator’, es uno de los principales problemas sanitarios que afecta a las poblaciones de corzos, Markina recuerda también que el ‘sarcocystis’, un parásito protozoario intracelular, o los nematodos o parásitos intestinales también inciden directamente en la salud de la especie.

Aunque las afecciones producidas por este tipo de enfermedades son iguales entre los machos y las hembras, Markina recuerda que “las cargas de parásitos son mayores en las hembras, que además son las que están en contacto con las crías durante casi un año y, finalmente, son las que transmiten esos parásitos. Es decir, que si se reduce el número de hembras disminuyen los partos y por lo tanto los nuevos ejemplares, pero también se elimina un mayor número de parásitos”.

Desequilibrio

Otro aspecto que es necesario tener en cuenta hace referente a la desigual atracción que generan los machos o las hembras entre los cazadores, ya que los primeros son apreciados por el trofeo mientras que el interés por las hembras en ese sentido es inexistente. La consecuencia de ello es el desequilibrio de ejemplares que se está produciendo con el paso de los años en cuanto a la distribución por razón del sexo, por lo que Markina cree que “su caza resulta muy necesaria”.

Además, el confinamiento perimetral debido al Covid-19 que está limitando las actividades cinegéticas, tiene como consecuencia el incremento de las cargas parasitarias que afectan a estos animales. En ese sentido, considera que la prohibición de salida del propio municipio para este tipo de actividades debería ser atenuada por los responsables políticos del Gobierno Vasco “al igual que se está haciendo en el caso de los jabalíes, ya que se han dado cuenta de que es necesario autorizar su caza”.

Ante las similitudes entre ambas situaciones Markina considera idóneo que se autoricen batidas selectivas de corzas “con la finalidad de reducir las poblaciones y, en consecuencia, los niveles de parasitación”.

Además, los meses de enero y febrero resultan los más apropiados para la caza de las corzas debido a que “acaban de empezar a desarrollar los fetos”. Esta especie, según señala Markina, “es de ovoimplantación diferida; es decir que tiene el celo en agosto, pero hasta diciembre no empieza a desarrollar los fetos que parirán hacia los meses de mayo o junio. Y las crías del año anterior ya son capaces de sobrevivir sin la madre”.

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Redacción Desveda

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