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Millones de torcaces

Millones de torcaces

Altas, muchas y tardísimo han empezado a entrar las torcaces, no así las becadas que excepto pocas y en contados lugares tampoco han iniciado con fuerza su ciclo migrador. Y es que en sus lugares de origen la nieve y el hielo no han hecho acto de presencia. Pero todo se andará porque el invierno no se lo lleva el lobo. Como era previsible las perdices en general regular, tirando a mal en los acotados que han iniciado su caza. Han tenido suerte de momento con la siembra tardía en seco que se está efectuando ahora. Algo inédito. Veremos como lo soportan después de la siembra. Es fácil que más de la mitad perezcan máximo este año que el agua no va a lavar el veneno que recubre las semillas. Los animales en general buscan tres condiciones para ocupar un lugar y desarrollarse: comida, tranquilidad y hábitat adecuado. Tan cierto como la simple ausencia de una de ellas motivará una regresión importante en sus poblaciones. De ahí que los titulares de cotos se esfuercen sobre todo en época de veda y reproducción en evitarles enemigos, porque de buscar comida y encames ya se encargan ellos. Siempre inciden los cazadores en la misma problemática: control de pequeños predadores y rotura de hábitats bien por pastoreo excesivo, deforestaciones abusivas o agricultura agresiva. Pero a pesar de tantos y tan nocivos, uno solo de la especie “individuo” puede hacer más daño en algunos casos que los azotes enumerados. Me estoy refiriendo a ciertos pastores de socarrona maldad que amparados en la más absoluta impunidad arrasan con todo lo que corre y vuela. En su papel de permanente testigo de cuanto ocurre en su zona de influencia a su sagacidad y observación no se le escapa nada. La liebre encamada en la solana del cerro morirá indefectiblemente tarde o temprano bajo el golpe certero de su garrota. Localizará rápido el lugar donde la perdiz ha hecho la postura para cazarla y comerse los huevos. De igual forma cuando el calor aprieta y los pollos de perdiz no pueden volar azuzará el perro para coger el mayor número posible. Los lazos en las veredas que frecuentan las liebres son una constante por las noches. Evidentemente no todos los pastores son de la misma ralea y mucho menos los jóvenes donde contamos con personas muy sensibilizadas con la defensa del medio y la fauna. Y nada mejor para catalogarlos que pedirles información sobre la caza del lugar. De su información y resultados catalogaremos rápidamente al personaje. Porque si de verdad quiere ayudarnos nadie mejor que él. Estas y muchas tretas están al alcance de estos sujetos que un día sí y otro también a lo largo de toda su vida pueden masacrar la fauna y castigar con su cerrilismo al “señorito de ciudad” que curiosamente le está pagando a él y a otros cantidades leoninas por ejercer el derecho a cazar. Mala solución, a no ser que se cuente con un “señor guarda” que no sea amiguete de esta “figura representativa de la paz de los campos”.

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