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Blanca como la ilusión y fría como el engaño

Blanca como la ilusión y fría como el engaño

Blanca como la ilusión y fría como el engaño

Los llamados días de fortuna en materia cinegética son aquellos en que, por distintas circunstancias meteorológicas, los animales ven mermadas ostensiblemente sus posibilidades de defensa y, en consecuencia, la ley prohíbe temporalmente su caza. Normalmente el factor más determinante para que acontezca esta circunstancia suele ser la nieve, si bien habría que señalar que no afecta por igual a todas las especies. Así se autoriza la caza del jabalí siempre y cuando la capa de nieve tenga tal espesor que impida incluso caminar a los cazadores. Son las aves, obviamente, las que más sufren este sudario de muerte, aunque es cierto que las nevadas realizan una selección natural en los animales enfermos y mayores. Los cazadores deben ser estrictamente respetuosos con este mandato, porque de lo contrario la caza se convertiría en una simple matanza. Como es el caso de las perdices que no se mueven del lugar donde nacieron por mucha nieve que haya. De ahí la importancia de aportarles trigo sin tratar o maíz en lugares donde los predadores tengan dificultades para localizarlas. En cuanto a nuestra comunidad, al entrar Filomena de sur a norte, no ha llegado migradora alguna, incluso las pocas becadas que había antes de la tormenta, gran parte han marchado, siendo las capturas donde no ha cuajado la nieve, meramente testimoniales. La nieve convierte la tierra en una gran página abierta donde pueden leerse con facilidad las más recientes noticias del paso de los animales. En su manto, como la imprenta en la tersura de un papel blanco, dejan señalado su camino las liebres y los conejos; en ella quedan marcadas las patas de la perdiz, la pisada del lobo y la pezuña del jabalí, el corzo y el venado, la garra profunda del gato montés, el barrido que la ardilla va haciendo con la cola, el rastro del zorro y los de todos los animales que se aventuran a salir de sus encames o querencias. Blanca como la ilusión, fría como el desengaño y fugaz como la promesa de la esperanza, la nieve es el peor enemigo de todos animales salvajes. Los corzos, heridos por el frío y necesitados de bocados tiernos que la climatología les niega implacablemente, salen de sus encames llegada la noche para ramonear cualquier arbusto que en otras circunstancias desecharían. Las tímidas liebres que se aventuran a salir al campo pierden la ligereza proverbial de sus patas, aunque utilizan mil ardides para que su rastro no sea seguido. Si bien las nevadas paralizan en parte la actividad de la caza, los cazadores saben que los años de nieve son los mejores para las cosechas, pues cargan los neveros que alimentarán más tarde el murmullo de las fuentes. La nieve es la bienhechora de los campos: da muerte a millares de insectos dañinos, empapa la tierra mejor que el agua de la lluvia, reduce la evaporación e impide que las heladas destruyan el foco de germinación que en marzo empieza a desarrollarse. En la alta montaña, cuyas crestas no verdean más de cuatro o cinco meses al año, dejan las nieves al derretirse una rica alfombra de hierbas que son pastos excelentes para los animales. Nuestra comunidad, por su ubicación, es propensa a la presencia de aves migradoras cuando se da una climatología adversa en Centroeuropa, y no es raro que en nuestros montes se den unas capturas superiores a las normales cuando la nieve expulsa a las bandadas de países más septentrionales. Son circunstancias que acontecen muy pocas veces y poco sentido tendría no aprovecharlas racionalmente cuando otros países las disfrutan con intensidad durante toda la temporada. Sería aconsejable, cuando nuestros campos estén cubiertos de nieve, permitir la caza del zorro por especialistas autorizados, previa autorización de las sociedades de caza, para intentar de una vez por todas regular esta plaga de oportunistas de rabo largo que tanto mal están haciendo a nuestra esquilmada fauna. Incluso en época de veda habría que retomar aquel proyecto de potenciar la caza de este avispado cánido.

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Redacción Desveda

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