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Jueces y verdugos

Jueces y verdugos

Jueces y verdugos

Hace apenas dos años España se estremeció por el grito silencioso de la España vacía y vaciada, que retumbó en el centro de Madrid. Las campanas de esa España rural repicaban de nuevo hace pocos días en una llamada de auxilio. Nuestros pueblos se vacían al ritmo al que nuestros jóvenes se marchan ante la falta de oportunidades. El campo olvidado y solo recordado en víspera de urnas, como ejemplo de «gentrificación política» donde la sociedad rural se ve desplazada por las sociedad urbana.

La gentrificación es un proceso de sustitución de la población por otra de mayor capacidad adquisitiva en áreas urbanas, relegando a la clase media baja a zonas marginales. ¡Aplíquenlo a las políticas que subyugan al mundo rural y ya tienen la receta actual! Para mayor escarnio, cuando se acuerdan de los de provincias lo hacen para someternos, para imponernos algo, lo que sea y a quien sea, a la caza, a la ganadería, a la agricultura, a la granja, a la pesca, a los pedos de las vacas, o a los gallos violadores…

Todo este hartazgo y reivindicación viene a cuento de un nuevo episodio eco-animalista, una de las últimas ocurrencias pagada con el dinero de todos y de la que se están aprovechando los de siempre, los ecologistas, la clase alta ecologista, en este caso los que mandan en el Ministerio y Consejerías varias creadas para ellos. Seguro que con esas pistas ya lo han adivinado, estoy hablando de SEO Birdlife. ‘Guardianes de la Naturalez’ se llama este proyecto LIFE que cuenta entre sus socios beneficiarios con la Junta de Andalucía, el SEPRONA y la Sociedade Portuguesa para o Estudo das Aves y como cofinanciadores ( es decir, los que ponen el 40% de la pasta) con los Gobiernos de Canarias y Valencia y nuestros amigos del Ministerio para la Transición Ecológica. En total, esta iniciativa cuenta con 1.974.932 euros. Europa aporta el 60%.

¿Y cuál es el objetivo de este dinero que ponemos entre todos? «La mejora de la efectividad y la eficacia de las acciones dirigidas a combatir los delitos contra el medio ambiente, especialmente aquellos cometidos contra la fauna silvestre en España y en Portugal».

Pues dicho así suena bien, la verdad, sobre todo porque se espera como resultado «la reducción de un 20% de la mortalidad de especies prioritarias causadas por delitos contra la fauna en España». Y una duda tonta: ¿Y si no se cumple? ¿Devuelven el dinero? El problema es que a la hora de la verdad pasa como siempre, que el dinero de todos pasa por la factoría del ecologismo más radical: que el dinero se utiliza para sus objetivos particulares, para sus fines ideológicos.

No hay más que ver la última publicación que han realizado, en la que analizan «cuál es el perfil de quien comete delitos contra la fauna». En ese documento trazan un perfil de ese presunto delincuente en potencia. En el caso de la caza ilegal y de la destrucción de nidos de especies protegidas apuntan a hombres de entre 46 y 65 años, de nivel sociocultural medio bajo y que trabajan en el medio rural, «principalmente agricultor o ganadero». Y ojo, que para la caza ilegal y la compra ilegal de especies protegidas aportan un dato más: «ideología política de derecha o de extrema derecha».

Dicho de otro modo, que si eres agricultor o ganadero y de derechas… eres un delincuente en potencia. Todavía no me explico cómo no ha habido una reacción política e institucional ante este escándalo. ¿Tanto miedo hay a una asociación ecologista que ronda los 20.000 socios? ¿Tanto poder tienen?

¿En serio los proyectos LIFE deben destinarse a esto y no a trabajar por el futuro sostenible del medio rural? ¿De verdad tenemos que seguir financiando esta ideología excluyente y totalitaria que criminaliza directamente a los agricultores, a los ganaderos y a los cazadores, es decir, a los protagonistas reales del mundo rural?

Y casi peor: ¿Es admisible que las administraciones públicas aporten dinero –NUESTRO DINERO- a estas mamarrachadas mientras nuestros pueblos se mueren sin que sean capaces de aportar una solución eficaz? ¿Con esto vale para calmar sus conciencias? En el mundo rural estamos más que hartos de gestos, de buenas palabras y de discursos huecos mientras con la otra mano están inflando con dinero público la mayor amenaza que tiene esa España vacía y vaciada.

Y esa amenaza no es otra que este movimiento ecologista y animalista cada día más intransigente, convertido en juez y verdugo del mundo rural y que ha situado en la diana desde hace años a nuestros agricultores, a nuestros ganaderos y a nuestros cazadores.

No se me ocurre mejor forma para terminar con esta denuncia pública que citando a Unamuno «y pues a Dios entre una y otra plugo – dar a escoger a quien sudor enjuga – ni mártir quiero ser, ni ser verdugo».

Fuente. hoy.es

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Redacción Desveda

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