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Cotos de caza: Justos por Pecadores

Cotos de caza: Justos por Pecadores

En los cotos de caza, pagan justos por pecadores. No es de recibo arrendar un territorio para ejercer la práctica de la caza y luego restar los medios para que esto se haga posible. Incluso perjudicar de forma descarada a las especies obviando compromisos por los que se ha percibido en muchos casos cantidades leoninas. Algo así como la ley del embudo, ancho para unos y estrecho para cazadores. Cobrar bien los terrenos acotados, vender luego la paja, aunque se quedan sin defensa las aves y utilizar fitosanitarios tóxicos porque no hay más. Fácil y sencillo. Aunque mate más la receta que la escopeta. Y el que no lo quiera que lo deje, que los ilusos guardan cola para pasar voluntariamente por el aro. ¿Qué tendrá esto de la caza para que se paguen cantidades millonarias por algo que no existe? Contrariamente al que pise una espiga de trigo o se atreve a meter un cartucho más de lo permitido al tubo alimentador de una semi-automática a poder ser que se le cargue de grilletes por “predador y carnicero”. Aunque no haya cazado nada, eso es lo de menos. En potencia es un delincuente y hay que prevenir. Existe también otro factor determinante en la regresión de las especies. Las concentraciones parcelarias que alteran los ecosistemas con desbroces de linderos, lugares imprescindibles de cría y defensa de las especies. Pero mientras los cazadores sigan llenando bolsillos nadie va a tomar medidas en el asunto. Posiblemente en los planes de ordenación cinegética de cada territorio, y sobre todo en los censos poblacionales de las especies cinegéticas, esté la solución a este importantísimo lastre. Al margen deben quedar las absurdas competencias entre cazadores a la hora de pujar en las subastas. Los devaneos económicos de cuatro poderosos en las subastas se traducen siempre en más presión cinegética para intentar paliar desproporcionadas inversiones. Un acotado vale según lo que cobije. Si se establece y respeta este principio serán las corporaciones municipales las que empiecen a velar por las especies. Cazadores y agricultores deben caminar juntos aunque afición y dinero lo hagan por distintos senderos. Va siendo hora de los que tienen que aplicar justicia empiecen a mojarse y dejen de cebarse en los que cara a la opinión pública son más asequibles. Igual es bueno que los cazadores comiencen a llamarse reguladores de la naturaleza o algo parecido. Seguro que si pero no les va. Mucho peor cuando a base de pensarlo se queden sin nada. Menos mal que algunos partidos políticos después de ver las orejas al lobo en Andalucía han empezado a manifestar que la práctica de la caza merece reconocimiento. Sus razones tendrán. Pero lo que necesita con urgencia es gestión. Sin olvidar que humanizar el campo es primordial para recuperar las perdices. Y créanme que la Administración lo sabe muy bien pero no mueve un dedo porque tiene verdadero terror a enfrentarse con las grandes multinacionales que fabrican fitosanitarios tóxicos.

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Redacción Desveda

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