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Las poblaciones de jabalíes crecen un 40% al año y general problemas sanitarios y ambientales

Las poblaciones de jabalíes crecen un 40% al año y general problemas sanitarios y ambientales

La caza de ejemplares de esta especie se revela como la única manera real y efectiva de controlar la especie de cara a erradicar posibles brotes de Peste Porcina Africana

“Las poblaciones de jabalíes se incrementan todos los años en un 100% y si las capturas alcanzan un 60% tenemos como resultado que cada año aumenta el número de ejemplares en un 40%”, lo que constituye “un enorme problema” en opinión de Florencio Markina, zoólogo, doctor en Ciencias Biológicas y responsable de Aran Servicios Medioambientales.

Esta valoración del experto viene a reiterar el peligro potencial que supone esa especie en el caso de que las poblaciones se vean afectadas por brotes de Peste Porcina Africana, ya que podría transmitirla a la industria del cerdo. “Sería terrorífico para la industria agroalimentaria” asegura, al margen del problema sanitario y medioambiental que ya están provocando las piaras a lo largo de toda la geografía peninsular.

Para hacer frente a la proliferación de jabalís, al desmesurado incremento de poblaciones y para tratar de reducir los riesgos de aparición de brotes de PPA, la actividad cinegética se revela, en opinión de Markina, “como la única manera real de controlar la especie”, aspecto que comparten los cazadores de mayor que también han determinado las autoridades europeas.

Capturas insuficientes

El experto va más allá y considera que la caza por parte de los aficionados a esta modalidad “es insuficiente. Será necesaria la caza profesional”. Para ello aporta datos sobre las capturas realizadas por las cuadrillas durante los últimos años y que se sitúan por debajo de los parámetros que permiten contener el incremento poblacional. “Hace un par de años se cazaron unos 3.000 jabalíes en Araba; en torno a 2.000 en Bizkaia; unos 1.800 en Gipuzkoa; y algo menos de 10.000 en Nafarroa”.

Aunque las cifras de capturas se han mantenido durante el último año, a pesar de la pandemia, debido en gran parte al esfuerzo de las cuadrillas de cazadores, Markina se aventura a señalar que “en aquellas zonas en las que no está permitida la caza, debido a su proximidad a núcleos urbanos o por otro tipo de razones, será necesaria la participación de cazadores profesionales”. Y recuerda también que la actividad cinegética “es la forma más barata” de controlar el desorbitado crecimiento de las poblaciones de esta especie.

Las consecuencias derivadas del excesivo número de jabalís como eventuales transmisores de la PPA, ha llevado a las autoridades sanitarias estatales y autonómicas a requerir de los ganaderos la adopción de medidas excepcionales. Entre ellas se incluye la dotación de un doble vallado en las explotaciones en extensivo de cerdos, tal y como el propio Markina ha podido constatar esta misma semana en una granja situada en Araba.

Aunque en estos momentos los brotes de PPA más próximos a Euskadi se ubican en la zona este de Alemania, las consecuencias que está viviendo la industria del cerdo de este país resultan reveladoras, ya que se trata del primer productor europeo y principal exportador a China. Sin embargo, el país asiático tiene paralizada las importaciones al existir más de un millar de brotes ubicados en la zona este de Alemania.

Consecuencias fatales

La situación en la que se encuentran las exportaciones porcinas germanas ha resultado beneficiosa para la industria española, que ha incrementado sus exportaciones, aunque Markina apunta las derivadas que acarrearía que la peste traspasase los Pirineos. “En primer lugar hundiría el mercado del porcino y, como consecuencia, distorsionaría el resto del mercado de la carne”.

La transmisión de la PPA más común es la que se produce por el contacto entre jabalíes y cerdos, aunque Markina recuerda que hay otras posibilidades de contagio. Desde los propios cazadores que tras participar en cacerías en algún país en el que está presente el virus lo porten en su ropa o en su calzado, hasta el camionero que consume carne de cerdo procedente de un país en el que está presente la PPA y deja restos de ese producto en una papelera en la que puede ser ingerida por un jabalí, convirtiéndose en otro foco de la enfermedad.

El propio transporte de los animales entre diferentes países también puede convertirse en un eventual foco infeccioso, por lo que resulta básico “vigilar la entrada de animales vivos”, así como el de los propios vehículos vacíos de transporte de cerdos que regresan de las zonas afectadas.

Este último medio, como posible vía de transmisión y propagación de la PPA en regiones de la Unión Europea, al igual que los piensos o los materiales de cama, han sido analizados por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) ha sido objeto de un dictamen que concluye que el potencial de transmisión a través de estas vías es menor que en otros casos, tales como el traslado de cerdos vivos o el contacto entre jabalíes y cerdos.

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Redacción Desveda

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