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1-XI-2021 EL SANTO DE “TODOS LOS SANTOS”

1-XI-2021 EL SANTO DE “TODOS LOS SANTOS”

¡Escampó! Un machazo, ¡de chiripa!

El soberbio ejemplar de perdiz que, algo incautamente, se arrancó poderoso a unos veinticinco metros, cayó seco a los cuarenta por el segundo disparo, sin que tenga claro que estuviera bien apuntado. Mambo lo cobró, “quedándoselo” buen rato sin querer entregármelo. Sería ya cerca del mediodía, y para entonces, de forma que me resulta incomprensible, había marrado tres gallos, al menos. De esos que cacarean entre asustados y asustando, cuando, tras trabajarlos como dios manda, se levantan forzados creyéndose descubiertos, o que los vas a pisar.

Sin embargo, no se intimidó el de las tres de la tarde, ya de retorno a mis querencias en las duras pendientes de las Mamblas. Ví perfectamente la tirilla de barbecho donde paró a quinientos metros de distancia o más, luego de su segundo gran vuelo delante nuestro. Bastante rato antes, Mambo quizás, paró el caliente dejado en una mata, sin lograr fijar su trayectoria olorosa. Perdimos el rastro. Hasta pensé que sería de liebre, ya que esa ladera soleada al Este, es un sitio querencioso a los efectos. Y fue al dar la vuelta al cerro gordo contiguo, por su parte superior, cuando la susodicha se nos arrancó a trescientos metros. Llegados al lugar del nuevo asiento, el can y un servidor, lo revisamos a conciencia en un amplísimo circulo, sin que la patirroja saltara, ni el Epagneul hirviera de efluvios. Ambos tuvimos que rendirnos a la evidencia de que o bien estaba amagada sin intención de revelarse, o nos había dado esquinazo.

Lo mismo que, un cuarto de hora antes, hizo otro machazo en el límite con Villaseca, levantándose en dos ocasiones, a distancias inverosímiles. A éste, debí entrarle por abajo. No me percaté de que, haciéndolo desde media ladera, le dejaba una escapatoria franca a favor de viento. En cuanto vislumbró nuestras siluetas, se volvió al punto de partida, yéndose por el viso tal que un F18. De haber subido por la vaguada, le habría forzado a caminar hacia arriba algo más. Aunque dudo de las opciones de capturarlo, dado que ninguna arrancada la efectuó a menos de 250 metros. Intratable. Aún tengo cosas que aprender. Si se tercia, en una semana, volveré a por ambas. Les reservaré una hora al final de la próxima tunda; como he hecho hoy, tras cazar placenteramente en la Mata por la mañana. Ojalá que lleguen vivos a las dos de la tarde de ese día.

Los cerretes de la Mata, pegados a Gómara por el sur, son el cazadero perfecto. Apenas 100 hectáreas de monte y montículos salpicados de peñascos con dos pequeños y querenciosos pinares en medio. No lo he frecuentado porque al largo no le gusta. Diría más: le repele. A saber, el motivo. Así que he aprovechado que el hijo único está molesto y esquivo por el peliagudo episodio del Chat y “los paseos prohibidos en 4×4”, para darme el gustazo de probar suerte allí.

El ilógico e inhumano cambio de hora otoñal retrasando relojes, hace que el último sábado de octubre durmamos menos y claree una hora antes. Con desgana, tuve que acortar el encuentro romántico con la riojanilla. A las 7.30 estaba al pie del cañón desperezando ojos y armas.

Para fortuna de todos los venadores, los meteorólogos acertaron y el cielo dio signos de haberse reconciliado con los dioses de la guerra. Amaneció escampado. Los veinte litros caídos de víspera se los bebió la tierra de un trago. Lo agradecí, porque seguía sin botas. Enfundé los pies en sendos calcetines envueltos con plástico ya que los maltratados botines verdes del día anterior, que estaba obligado a calzar, seguían mojados. Aparqué justo a la salida del pueblo, en el rellano de la carretera a Almazul y pegado al bebedero de ovejas ubicado a la izquierda. Al minuto, llegaban Gustav y El Guanche con parecidas, si no las mismas intenciones mías. Aunque ellos abordarían el lado contrario.

  • Se nota la falta del coto de Abión. Coincidimos más a menudo. Insistes con el cazadero, ¿eh?
  • Hoy probaré esta otra parte de la Mata. Y sí, es una pena haber perdido ese monte. Me gustaba bastante. Se daba bien.
  • No creas. Las últimas temporadas no tenía perdiz.
  • Pero el monte siempre es un vivero de caza. En cualquier momento podías saltar alguna liebre montaraz. Hasta becadas he matado allí…
  • Eso sí. Y adiós a la montería anual que celebrábamos.
  • ¡Una pena! ¡Suerte, pues!
  • ¡Lo mismo!

A dios gracias que me fui a “las cumbres” y ellos se entretuvieron, sin resultado, en los cerros aledaños opuestos, junto al pueblo. Esa media hora larga me permitió mover hacia los pinares centrales bajos, un bonito bando que dormitaba en lo alto. Su primer arranque fuera de tiro me sorprendió por completo. No las esperaba tan arriba.

Las cacé como corresponde, haciendo varias asomadas a los barrancos, pero, al ser novato de sus careos aquí, me saltaban lejos. Fui contando cuantas iban saliendo y, al final del recorrido, faltaba una. Así que hice la rebusca con mayor parsimonia, convencido de que estaría amagada. Un ejemplar de magnífico porte y colores, me galleó a escasos seis metros. Tres detonaciones y tuve que tragarme los sapos de verla irse resplandeciente. Decididamente tengo que hacer algo con mis, tan impetuosos como ineficientes reflejos; con mi vista, los cartuchos o los choques.

Junto con Asier Arrizabalaga, aficionado de ley, y Pedro, el armero berriztarra que ha puesto a punto las escopetas, estamos calibrando qué sucede y los cambios que me convienen. Conforme a un razonamiento bastante simplista, todo mi empeño está en preguntarles por munición garantista.

  • He leído que Remington tiene un cartucho de largo alcance. “Long…” no sé qué, de 36 gramos. Prometen eficacia por encima de los cuarenta metros.

La respuesta del mecánico de armas es como él. Reposada, en vez de las mías viscerales.

  • No hagas mucho caso. Es más comercial que otra cosa. Yo que tú, probaba con cartuchos de fieltro.

Coincide con la opinión de Carmen, hija de armero con renombre en la comarca, QEPD, y continuadora del oficio. Mantiene abierta y activa la tienda de armería donde me surto de munición y equipamientos.

Insisto, tozudo:

  • Digo para el tercer tiro. Porque, aunque algunas, al entrarlas correctamente contra el aire y tapados, saltan cerca, como fue el caso, otras, resabiadas, se alivian por encima de los treinta. Eso hace que me resista a poner choques de cuatro o cinco estrellas.
  • Quitando los primeros días, considero arriesgado abrir el choque. El tres es el ideal. Y cartucho de quinta para la última descarga, que hace buena avería; sugirió el hombrón, cazador también por lares de la Rioja.
  • Probaré.

Por su parte, el becadero Asier, se inclina por recortar centímetros al cañón o abrir choque, manteniendo el Mygra de 8,5 como primera opción; y sendos Sextas, potentes, los siguientes:

  • Cualquier Royal de 36 gramos es carnicero entre veinticinco y treinta metros. Y dejar cumplir la caza, Josu. Templarse sabiendo que a esa distancia está muerta. Debes coger confianza.
  • ¡Pues, chico, nueve tiros, una perdiz! Con cuatro lances galleros a huevo. Las entrizo perfectamente, sorprendiéndolas donde no me esperan, para después… los tres zambombazos al aire y ¡A criar!
  • ¿Ya sigues su trayectoria?, intercede, el armero. Se han dado casos de atravesarlas de disparos tan cercanos; y continuar volando por inercia, si no les has roto el ala. Caen muertas, muchos metros adelante. A menudo, fuera de vista.
  • ¡Ahí va! No lo había oído nunca.
  • Pues sí. Con las liebres sucede frecuentemente.
  • ¡Eso, sí! Y hablando de liebres. En contra de mi temperamento, ayer a última hora, dediqué algunos minutos a buscar la que, puede ser la única y última. Es desolador constatar que apenas quedan. Probé las dotes de Mambo con ellas y el caliente que me hizo, bien pudo ser una cama, porque entró dentro de la mata y olisqueó buen rato.
  • Las para perfectamente: liebres y conejos
  • Me da que este año, quien cace una, tendrá que fotografiarla y enmarcarla.
  • Hablan de que el bicharraco de la mixomatosis del conejo ha mutado a malas y, desde el 2018, afecta ya a la liebre ibérica. Pero nadie muestra fotos de ejemplares con los ojos rojos fuera de las orbitas. Las que se encuentran muertas o agonizantes, parecen ser, más bien, víctimas de envenenamiento por plaguicidas
  • Yo también estoy en eso.

Contar, finalmente, que, terciando la mañana, aparecieron tres cazadores más. Colgando un hermoso pájaro, estaba el farmacéutico -de mujer garbosa que me despierta interesantes deseos, no del todo humanos-, su hermano y el cabal labrador, José, a quien intentamos ayudar a cobrar una alicorta, infructuosamente. Así que, cual he narrado al principio, decidí probar suerte en mis querencias mambleras.

Siendo que también Gustav y el Guanche acabaron subiendo, según me han dicho, y que oí muchos tiros encima de los pinares, debo pensar que se matarían bastantes. Son buenos tiradores y portan canes endemoniados. Resta la pequeña esperanza de que tuvieran mal día…

¡Esto es todo por hoy, amigos! Un buen perdigacho en el morral. ¡Menos es nada! Veremos qué tal sabemos condimentarlo. Estofado o escabechado.

Me emplazo a llevar en el bolsillo, durante toda la semana, un pañuelo con nudo para asegurarme de no volver a olvidar las botas.

 

Josu Fernández Alcalde. 68 años. Cazador de menor en Soria. Natural de Eibar y residente en Vizcaya. Descendiente de sorianos. Sociólogo. Profesor Universitario y Escritor. Dramaturgo, poeta y ensayista. Autor del libro “Pasiones y Compasiones de un Cazador del Campo de Gómara” Cazador participante en el Documental de Caza para Trofeo y Canal Plus. (Ver en Vimeo) Perdicero vocacional. Fotógrafo aficionado.

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1 Commentario

  1. Fidel Fdez.
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    Josu amigo, sigues con el veneno de las patirrojas, un relato muy descriptivo, pero las liebres déjalas para mí, para cebar los sabuesos. Cuánto echo de menos las charlas que nos echábamos en Iurreta, es un placer haberte conocido, y compartido nuestras vivencias cinegéticas. Sigue así amigo. «Viva la caza».

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Josu Fernández Alcalde. 68 años. Cazador de menor en Soria. Natural de Eibar y residente en Vizcaya. Descendiente de sorianos. Sociólogo. Profesor Universitario y Escritor. Dramaturgo, poeta y ensayista. Autor del libro “Pasiones y Compasiones de un Cazador del Campo de Gómara” Cazador participante en el Documental de Caza para Trofeo y Canal Plus. (Ver en Vimeo) Perdicero vocacional. Fotógrafo aficionado.

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