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Renace la esperanza

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En general hay cierta alegría en el colectivo y eso es bueno. Las becadas entraron en número importante en toda la cornisa cantábrica y en especial donde las lluvias hicieron acto de presencia. De Madrid para abajo el pájaro de cara alargada brilló por su ausencia. Las perdices criaron bien, mejor que en los últimos años y las codornices que ya emigraron hace meses generaron muchas horas de alegría a los cazadores. En cuanto a las especies mayores, el jabalí que ha colonizado toda España sigue arrastrando a un colectivo cada vez más numeroso. Falta hará para controlarlos a nada que la peste porcina africana haga su presencia en la península. Llegado el caso, un ejército de cazadores está dispuesto a echar una mano para solucionar el problema. Algún que otro cazador, muy pocos, parece que se molestan porque algunos se desplacen a países donde ovificaron y criaron las becadas. No deben preocuparse si se respetan las capturas o los cupos donde los haya. Estamos hablando de un pájaro que es huésped en muchos países donde debe ser respetado de la misma forma que aquí se exige moderación y respeto a los miles de cazadores extranjeros que nos visitan para cazar tanto la menor como las especies mayores. Especial atención suscitan las palomas torcaces en clara y espectacular progresión. Toda una bendición. Son cada vez más los aficionados que las cazan y es que el recurso da para eso y más. No en vano son muchas las que crían en la península y llegan incluso a establecer los dormideros en las grandes ciudades como Madrid. Se sabe que los días de buen tiempo en el norte de Europa acompañados de vientos del este o del noroeste son los señalados para el paso de las torcaces. Estos días las palomas vuelan a una velocidad de 60-80 km/h y pueden recorrer hasta 500 kilómetros en una jornada. Entre los muchos intereses que encumbre la migración de las palomas hay uno todavía que está por resolver. Quizás el que más admiración despierte: está demostrado que el número que cruza todos los años los Pirineos es cada vez mayor, se puede estimar en 1.800.000 ejemplares que el hombre puede ver franquear en una estación. Por el contrario en el suroeste de la península en periodo de invernación se pueden contabilizar más de 4.000.000 de ejemplares. ¿Por dónde pasan las 2.200.00 restantes? Estoy convencido que algunas pocas pueden hacerlo de noche y las otras a gran altura donde son prácticamente identificables si no se presta especial atención. Y lo harán haga frío o calor, agua o nieve.

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Redacción Desveda

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