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Cazar al lobo

Cazar al lobo

Deslizaba la carretera un fulgor de ruedas atravesando la noche, como una centella y, a un lado, huían los venados saltando un cercado… Poco después unos zorritos pasaron cruzando: feroz frenado. Pero el jabalí se estampó con sus faros. Sangre, dolor herido de una bestia bramando, movimientos de gruñidos; en el pavimento, un rastro… En esa carretera el teléfono apenas conectaba con el socorro, horas de angustia devorado por tinieblas: la curva no era propicia para quedarse, nuevos accidentes podrían ocasionarse. Fenómeno repetido en muchos lugares. La naturaleza diseñó carnívoros y mantiene los equilibrios entre unos animales y otros. Pero apenas tenemos grandes depredadores y cuando el lobo es abundante los ganaderos sufren. Algunos animalistas defienden a las bestias y atacan a los hombres, «todos deberíamos ser vegetarianos», pero luego compran carne enlatada para su perro o para el gato, «hasta que el lobo se los come». La industria de la caza en España es una de las grandes fuentes de recursos que atraían a gentes del mundo entero y seleccionaban cabras monteses, lobos o ciervos y gamos, evitando plagas… Quienes ganan con ello son los más preocupados en mantener el negocio y que no se acabe la fuente de sus ingresos. El equilibrio es obligado. Si hay mucho lobo, no puede haber ganados: cabras y ovejas, terneros o potros han de salir malparados. Si no hay depredadores, padecen los sembrados y las carreteras se llenan de animalitos arrollados, de coches destartalados. Cada vez se dispara más contra la caza y los cazadores desde algunos ambientes administrativos, como en Castilla y León, donde de nuevo los exámenes para las licencias se retrasan y pasan en balde los meses… Pero sucede como con el coronavirus, que el gran retraso en la adquisición de vacunas parece que tiene que ver con la actitud de funcionarios que miran bosques o regiones desde un despacho. Paul Krugman, el premio Nobel de Economía, denuncia que miles de muertes innecesarias llegarán a Europa por la torpeza de las instituciones burro-cráticas y su rigidez a la hora de comprar medicamentos. También la crisis económica pasada con el euro podía haber sido más liviana sin esos maníacos de ministerios amamantados por formularios ineficaces y tontos. Quizás haya que cazar a los lobos camuflados como ovejas de estúpidos rebaños entre nuestros funcionarios y administradores, quizás sobren ineptos que, en vez de ayudar y facilitar, lastran las acciones y frenan la economía, la ciencia y el desarrollo de las naciones. Quienes trabajamos con las administraciones europeas, estatales o autonómicas conocemos y sufrimos la depredación burocrática que devora horas de trabajo en actividades inútiles, en aplicaciones estúpidas; diríamos a veces que han sido pensadas por malvados o retrasados mentales, contra nosotros. A veces Hobbes tiene razón y el hombre es un lobo para el hombre: lupus administrativus.

Fuente. noticiasdenavarra.com

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Redacción Desveda

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