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Tenemos lobos al lado de casa. ¿Qué hacemos con los críos?

Tenemos lobos al lado de casa. ¿Qué hacemos con los críos?

Entre los lobos y los críos estamos que no podemos salir de casa», dice, preocupada, María Razola, una vecina de Pen, una pequeña aldea de Amieva. Vive con su familia en el barrio de la Mollera y, hace una semana, dando un paseo por el camino asfaltado que tienen al lado de casa, dice que se encontraron con una manada de lobos. «Era un grupo de seis. No sé si habría alguno más. El susto que nos llevamos y estando además con los críos pequeños…», cuenta. Tiene dos hijos, la mayor de 13 años y el más pequeño, de 5 meses, que fue además el primer bebé del pueblo en 40 años.

«Estamos a 400 metros de altura sobre el mar y los lobos, supuestamente, están por la zona del Picu Pierzu, en el parque natural de Ponga, que está a 1.500 metros de altura y a dos horas y media o tres andando desde aquí, pero ahora resulta que ya los tenemos la lado de casa. Los tenemos en casa». Se los encontraron cuando todavía era día, a las siete de la tarde. «Uno de ellos se giró y mostró los dientes. Les tiramos palos y se fueron, pero el susto ya te queda en el cuerpo y luego se pasaron toda la noche aullando». Y así al menos tres noches seguidas.

«Al día siguiente de verlos en el camino nos mataron a una oveja pequeña y a otra la mordieron, pero como dice mi marido eso da igual, son daños. Son nuestros animales y nos duele en el alma, pero más que nos hagan algo a mis hijos o a nosotros», dice Razola.

Las ovejas las tienen en el prao al lado de casa. «Te da miedo salir, a por un tronco de leña o incluso a la puerta de casa. Yo entiendo que tengamos que convivir con lobos, pero a este nivel ya es desesperante. ¡Te da miedo a salir a la calle!», insiste Razola, cuya principal preocupación se centra en sus hijos, acostumbrados a jugar, correr y, la mayor, andar en bici, por el camino en el que vieron a los lobos. «¿Qué hacemos con los críos? Yo tengo un niño pequeño, la vecina que viene de Gijón tiene a otra de tres años, otro vecino tiene a otro de 5 años y mis sobrinas, una tiene 8 y la otra 9 años, y están todos siempre por aquí jugando, como mi hija la mayor. Ahora, que ya has visto a lobos aquí, ya no tienes la misma seguridad de dejar a los críos en la calle. ¿Cómo los va a dejar?», dice Razola.

VIVIR EN LA ESPAÑA VACIADA

Ella lleva viviendo en Pen, de donde es su marido, desde 2017. En el barrio de La Morella viven todo el año otras dos familias. La vecina más mayor, Tita, lleva toda su vida en el barrio, tiene más de 95 años y jamás había visto que los lobos bajaran al pueblo «con esa tranquilidad». Razola dice que están «humanizados» por lo aclimatados que se les veía y más para ser «supuestamente animales territoriales».

«A mí no me importa que estén allá arriba, en Pierzu, pero que no me bajen a casa. Y si me matan una vaca arriba, entiendo que sea nuestro problema -su marido es ganadero-, pero ya no es eso, ahora es nuestra seguridad y más con niños pequeños», reclama, pensando también en que los fines de semana, festivos y durante el verano, las casas del barrio se llenan y que en Pen viven durante el año unas 25 personas. «Somos poca gente, como siempre en la España vaciada de la que los políticos solo se acuerdan para pedir el voto, pero pienso que tenemos el mismo derecho a vivir tranquilos y sin miedo a que los animales nos ataquen como cualquiera que viva en la ciudad».

Razola dio parte a la Guardería del Medio Natural, que tomaron fotos de los daños, y se puso en contacto con la Consejería de Medio e incluso el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (Miteco). Razola, que dice que le aconsejaron hacer uso de voladores para ahuyentarlos si vuelven a verlos, está recopilando además otros sucesos similares de la zona, incluidos los de otra manada que se mueve en Ponga por San Juan de Beleño, Sobrefoz y otros pueblos, para hacer un escrito que entregará al Ayuntamiento de Amieva y a la Consejería de Medio Rural reclamando soluciones.

«En Villaverde, aquí al lado, a otro vecino le mataron cuatro chatos que tenía en el entorno de casa y ese es el problema, que están atacando animales al lado de casas habitadas», insiste. Por niños como sus hijos o por personas mayores como Tita, su vecina… «Además ahora están para parir y si se ponen aquí al lado ya te da algo -dice-, porque no estamos hablando de la montaña, sino de poblaciones. Me parece muy bien que los lobos tengan que estar y coincido en que no deben extinguirse, pero si los ganaderos ya están aguantando bastante con que les maten a sus animales por el monte, que ya sea en sus propias casas como nos ha pasado…. Yo entiendo a los ecologistas, pero que nos entiendan también a los demás. Necesitamos vivir y en estas condiciones ya no podemos y tampoco podemos esperar a que ocurra una desgracia».

Fuente. La voz de Asturias

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