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DECÍAMOS AYER

DECÍAMOS AYER

El “Decíamos ayer” de Fray Luís de León en su regreso a las aulas de la Universidad de Salamanca tras haber sido acusado de contravenir dogmas por la Inquisición, durísimamente condenado y hecho preso, bien podría ser el título de este segundo volumen de relatos cinegéticos en Soria, que comienzo hoy, continuación de aquél bautismal: “PASIONES Y COMPASIONES DE UN CAZADOR DEL CAMPO DE GÓMARA”.

Disculpen que no entre en los detalles personales que me han apartado durante ocho temporadas de la caza menor con escopeta. Sepan que, como morralero de baja intensidad, no he faltado a ninguna. Las adicciones tienen esto. No se curan. La última ocasión de caza activa la malogré en Junio del dos mil doce. Y les aseguro que “el mono” fue de “órdago a la menor”. Valga la expresión, que viene pintada. Tanto que, pese a las contraindicaciones, recaía a menudo arrebatando la superpuesta a mi colega de afición, siquiera en los breves ratitos que duran sus almuerzos de campaña. Los suficientes para sentir la adrenalina alterando el pulso, aunque insuficientes para bajar alguna patirroja que tuviera el infortunio de encontrarse en el lugar equivocado, delante del recién “inyectado” que era yo en ese momento.

Los dioses me perdonen, puesto que los humanos que mantenían mi hombro en reposo e inerme, no lo harán. Por fortuna, el tsunami pasó sin acabar del todo conmigo. Me dejó de por vida una secuela con forma de arritmia auricular, también recurrente. Benigna, si de hacer caso a los matasanos, como me conviene. Los antiguos la llamaban “delirium cordis” propiciadas, a menudo, por los disgustos sentimentales.

En pleno siglo XXI sigue sin existir medicación eficaz ni cura. Los supuestos avances médicos no son tantos, según estamos comprobando últimamente, así que cruzo los dedos de que no se agraven hasta el punto de incapacitarme o infartarme en mitad del monte. Sin querer, pienso en las famosas máximas de Moliere. “Médicos. Hombres de suerte. Sus éxitos brillan al sol… y sus errores los cubre la tierra”. “Casi todos los hombres mueren de sus remedios, no de sus enfermedades”. Mi idea para evitarlo es medir los esfuerzos. Cazar “a medio gas”, que decía Delibes. Comprarme un smartwatch de última generación con GPS y alarma de pulsómetro que prevenga excesos y ataques súbitos traicioneros. Porque, siguiendo con las recomendaciones del dramaturgo francés. “La muerte es el remedio a todos los males, pero no debemos echar mano de él hasta última hora”.

Así las cosas, en este caso y cazadero, de poco serviría mirar atrás y añorar el tiempo y Paraíso perdido; las indomables perdices serranas que dejé de marear entonces, no aparecerán por mucho que revise el terreno. Haré borrón y cuenta nueva. Me engañaré permutando los dos últimos números, de modo que este 2021 sea aquél frustrado 2012. Trataré de tú a tú con las aladas descendientes. Agradeciendo que, en el coto, gracias a mi forzada inactividad, quedan ahora más patirrojas y liebres; libres y vivas

Y como no hay mal que por bien no venga, conocedor de que, posiblemente será mi último retorno perdicero, puesto que tengo sesenta y ocho tacos, debo decirles que estoy preparando el regreso a conciencia. Nada de ropas usadas aprovechadas hasta el último jirón. Vestuario nuevo y de corte, completado con unas espléndidas botas Gore-Text de caña alta, que para eso me apodan el marqués.

Nada de improvisaciones de cartuchería, armas y chokes como antaño. En previsión de la más que probable pérdida de facultades, asesoramiento municional experto por parte de Carmen, la entusiasta armera de Abadiño, y revisión completa de la fiel súper ligera, Benelli, que sigue en forma, según atestigua mi buen convecino y armero, Pedro. Más el añadido de una paralela de repuesto, regalo de un amigo, de quien, para redondear los aperos necesarios, he adquirido un garboso Spaniel Bretón de 5 años ya con alguna experiencia olfativa en aves y lagomorfos, llamado Mambo, puesto que Katy, la coqueta setter, murió del disgusto y la diabetes, el mismo funesto año de mi precoz retirada obligada.

Por supuesto, abundante provisión de plomo en los números adecuados para principio y final de temporada. Primeras marcas italianas, eibarresas, alavesas o americanas. Desde 34 gramos a 40 semi magnum. A comienzos, “Mygra” de 8,5 o Trust de séptima-fieltro en recamara, seguidos de Armusa o Rio de sexta y Fiocchis de quinta; incluidos los Remington long distance. Mi vista diezmada y las arrancadas salvajes de la perdiz serrana soriana los requieren para caer vencida. Cuidadosa selección de chokes en función del tipo de pieza, geografía y clima: Perdiz o liebre, púberes o añejas, en terrenos con asomadas o sin ellas, a favor o contra el aire, etc, etc..

El día de San Miguel recogí la nueva documentación con todos los permisos en regla, del mismo modo feliz que, en tiempos, recogí la cartilla de licenciado del servicio militar. Reparo ahora en la polisemia del término y me rio. Nadie la tomaba con el ánimo de haber logrado la suficiencia militar, sino con el alborozo de dar por finiquitada la inútil mili. Yo ahora, igual, pero al revés. Con el gozo de volver a ser considerado útil para el “vicio” cinegético. Por cierto, quiero reseñar que los números de la Guardia Civil de la Comandancia de zona que me toca, son ásperos de gesto y desconfiados de trato. Pareciera que se les debe algo. Les convendría un curso de atención a usuarios.

Es viernes uno de Octubre. Estoy en la vetusta y triste, aunque superviviente, Sociedad de Caza y Pesca de Durango, gestionando los permisos para palomas de Trabakua. ¡Qué diferente momento vivimos respecto del pujante décadas atrás! Casi diría que sufrimos cerco. Tendremos ocasión de hablar de ello más adelante, pues hoy quiero, simplemente, estar alegre por el retorno.

 

Las empinadas cuestas de Oiz, y las vibrantes migrantes azules, serán la excusa perfecta para reajustar encares y tiros, y alcanzar la forma física precisa ante el desafío perdicero del domingo veinticuatro en Castilla La Vieja. Además de conseguir evitarle desfallecimientos o sufrimiento por aspeados a Mambo. Sabrán de los resultados en el siguiente relato. Sean bien hallados como bienvenido me percibo. Salud.os.

Josu Fernández Alcalde. 68 años. Cazador de menor en Soria. Natural de Eibar y residente en Vizcaya. Descendiente de sorianos. Sociólogo. Profesor Universitario y Escritor. Dramaturgo, poeta y ensayista. Autor del libro “Pasiones y Compasiones de un Cazador del Campo de Gómara” Cazador participante en el Documental de Caza para Trofeo y Canal Plus. (Ver en Vimeo) Perdicero vocacional. Fotógrafo aficionado.

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3 Commentarios

  1. Anónimo
    0

    Efectivamente, bienvenido a tus lectores

  2. LEONARDO DE LA FUENTE.
    0

    Bienvenido de nuevo al club amigo Josu, como siempre un placer leerte. Un abrazo y saludos a mi amigo Pedro el armero… Leonardo de la Fuente.

  3. Roberto Coll Alcalde
    0

    Magnífico relato al que espero sigan muchos más.

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Josu Fernández Alcalde. 68 años. Cazador de menor en Soria. Natural de Eibar y residente en Vizcaya. Descendiente de sorianos. Sociólogo. Profesor Universitario y Escritor. Dramaturgo, poeta y ensayista. Autor del libro “Pasiones y Compasiones de un Cazador del Campo de Gómara” Cazador participante en el Documental de Caza para Trofeo y Canal Plus. (Ver en Vimeo) Perdicero vocacional. Fotógrafo aficionado.

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