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El corzo se abre camino

El corzo se abre camino

Resumen del trabajo realizado por Jesús Duarte -doctor en Biología y consultor ambiental-, J. Mario Vargas -catedrático de Zoología de la Universidad de Málaga- y Miguel A. Farfán -investigador adscrito al departamento de Biología Animal de la Universidad de Málaga-, sobre la expansión que teniendo el corzo en Andalucía -especialmente en la provincia de Málaga-, al igual que ocurre en el norte de España. Indican los autores del informe que, con las debidas medidas de gestión de hábitat, sobre todo en lo relativo a la creación de corredores de dispersión de hábitats favorables, se puede dirigir y fomentar el proceso expansivo.

En la Península Ibérica existen dos poblaciones de corzo Capreolus capreolus (Linnaeus, 1758) genéticamente diferenciadas (Lorenzini et al. 2003, Royo et al. 2007) y geográficamente bien localizadas. La población de corzos más abundante y más ampliamente distribuida es la que habita la mitad central y norte peninsular. Dicha población pertenece al ecotipo europeo y sus núcleos más representativos se concentran en la Cordillera Cantábrica, Montes de León, Pirineos, Sistemas Ibérico y Central (Mateos- Quesada 2005a). En la mitad sur está presente un segundo ecotipo de corzo caracterizado por un menor tamaño, un pelaje más grisáceo y ciertas adaptaciones a la xerofilia (Aragón et al. 1995a). Este ecotipo, conocido popularmente como corzo andaluz, se localiza sobre todo en las sierras de Cádiz, si bien existen contingentes poblacionales marginales en las sierras de Jaén, Montes de Toledo y Sierra Morena (Azorit-Casas & Muñoz-Cobo 1997, San José 2007). 
 
Se estima que a principios del siglo XX el corzo ocupaba casi toda la Península Ibérica, y que la regresión posterior fue inducida por una presión cinegética desigual y excesiva que fragmentó sus poblaciones (Mateos-Quesada 2005a). No obstante, desde finales del siglo pasado las poblaciones de corzo de la mitad centro y norte de España han experimentado una notable expansión, probablemente relacionada con la gestión cinegética de sus poblaciones y la gran capacidad adaptativa que presenta la especie (Mateos-Quesada 2005a, Tellería & Virgós 1997). Además, parecen haberle beneficiado los mismos cambios en los usos de suelo y en las prácticas agroganaderas que han favorecido la expansión de otras especies forestales durante las últimas décadas (Delibes-Mateos et al. 2009, Acevedo et al. 2011).


 
Proceso de expansión en Andalucía
 
Tradicionalmente el corzo andaluz ha estado confinado a las sierras de Cádiz y zonas malagueñas limítrofes, si bien parece estar experimentando también un proceso de expansión natural que ha dado lugar a la aparición de pequeñas poblaciones periféricas en los bordes de su área de distribución (Duarte et al. 2008). En este proceso expansivo, más moderado que en las poblaciones del norte, los corzos utilizan los valles fluviales como corredores (Duarte et al. 2010a). El corzo en la sierras de Cádiz presenta densidades poblacionales que oscilan entre 1,6 y 10,3 corzos/km2 (Braza et al. 1994), dependiendo del tipo de hábitat que ocupa y de la densidad de ciervos (Delibes 1996). En términos generales, y de acuerdo con estos autores, se puede establecer una densidad media de 5 corzos/km2, que es inferior a la estimada para otras poblaciones ibéricas y centroeuropeas (Mateos-Quesada 2005b). 
 
El trabajo de campo realizado ha muestreado la presencia de corzos en 25 municipios diferentes de las sierras occidentales de Málaga. La densidad más alta se detectó en el río Hozgarganta y en las sierras del valle del Genal, y la menor densidad relativa se obtuvo en las sierras de la cuenca del río Guadalhorce. No obstante, Jesús Duarte considera arriesgado dar un número de ejemplares concreto, pero sí indica que son más frecuentes cerca de Cortes y Grazalema y su presencia se reduce hacia el este de la provincia. Los más alejados del límite con la provincia de Cádiz se han visto por Alhaurín el Grande. Estos son precisamente los que los biólogos consideran animales son los colonizadores, los que van agrandando el área de distribución de la especie. 
 
Bosques mixtos
 
La abundancia de corzos está positivamente relacionada con la distancia a las poblaciones de origen de las sierras de Cádiz, con la cobertura de bosques mixtos de encinas y coníferas y con las formaciones de castaños. Los resultados negativos se dan por contra en los usos urbanos, agrícolas y arbolado denso de coníferas.
 
Para los autores del informe, el corzo, “correctamente gestionado, tiene una gran importancia económica, ecológica y cultural”, y lo consideran una especie muy relevante desde un punto de vista biológico debido a sus adaptaciones y características como ecotipo o variedad geográfica de esta especie. “A nivel de todas las poblaciones de corzo existentes en Europa no hay ninguna similar a la andaluza”, aclaran.
 
Reintroducido de forma artificial en la sierra de Tejeda, Jesús Duarte se muestra en contra de estas prácticas. “Personalmente no estoy de acuerdo con la reintroducción porque el corzo es un animal en expansión natural, que puede llegar por sí solo a Tejeda. Así que yo apuesto por facilitarle las cosas en vez de por llevarlo de manera artificial”. Se trata de crear pasillos y corredores verdes que le permitan llegar con seguridad. “Es decir, yo prefiero gestionar y mejorar el hábitat para el corzo que trasladar o reintroducir animales. La mejora del hábitat beneficia no sólo al corzo, sino a otras muchas especies”, comenta Jesús Duarte.


 
Cazadores pagan más de 1.000 euros por ejemplar
 
El corzo es importante económicamente porque es una especie cinegética. Su caza mueve mucho dinero y como trofeo también es muy apreciado. Solamente por cazar un animal de la subespecie andaluza se pueden pagar mínimo entre 1.000 y 1.200 euros, explica Jesús Duarte. A esto habría que añadir todo lo que rodea la actividad de la caza. Por otra parte, ecológicamente el corzo es una especie indicadora del buen estado de salud del bosque. Si está presente y llega a alcanzar densidades óptimas significa que el bosque está bien conservado, lo que para los biólogos significa que no es un monocultivo de pinos, y eso implica que hay otras muchas especies amenazadas que también se benefician. Desde el punto de vista cultural la caza del corzo es diferente a la de otras especies, además de que hay ligada una cocina y muchas actividades específicas para esta especie.
 

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